Extinción

A diferencia del resto de las especies del reino animal, el ser humano tiene un gen defectuoso, que no está en su mapa genético (algo que sería científicamente solucionable) sino en su espíritu, por lo que no tiene solución. Ese error original en su conformación es el sentimiento de envidia, la raíz de la flora más venenosa en el jardín de la consciencia.

Si bien a lo largo de toda la historia las manifestaciones de la envidia fueron incontables (el fratricidio motivado por la envidia es un topos de las grandes narrativas míticas fundacionales), es recién en el siglo XXI en el que triunfa como moral dominante bajo la égida del igualitarismo, infectando en menos de una década, como una pandemia fulminante, la vida diaria de todos los humanos a escala planetaria.

En la nueva manada humana, los poco favorecidos se unen de a millones para destruir al destacado; crean leyes, oficinas públicas y fuerzas de coacción para la persecución y eliminación de lo inconveniente, crean teorías políticas autoritarias para extender el colectivismo global mediante organizaciones supranacionales destinadas a la evaporación de las identidades nacionales, crean teorías sociales delirantes para la aniquilación de las identidades individuales, en especial las sexuales, crean teorías económicas confiscatorias pacíficas (es decir, implementadas bajo amenaza, pero sin sangre, por el monopolio de la fuerza) en reemplazo de las revoluciones sangrientas que requerían una agallas definitivamente perdidas por los nuevos sujetos de la utopía igualitaria, despojando gradualmente al que crea riqueza hasta asimilarlo a una masa pauperizada, crean teorías estéticas absurdas pergeñadas para aborrecer la originalidad, la destreza, la erudición y el talento y enaltecer lo mediocre, lo tonto y lo feo como venganza mortal contra toda forma de belleza, y, finalmente, han creado medios y productos de comunicación y de (pseudo)arte pensados para adoctrinar a las masas desfavorecidas con todas esas teorías.

De consolidarse esta tendencia, el efecto va a ser la extinción, porque no hay ninguna especie que sobreviva cuando se impone el menos apto, cuando la dirige el incompetente. Cuando se produce un proceso de darwinismo inverso, el meteorito exterminador lo fabrica la misma especie condenada, a lo largo de unas pocas generaciones que acumulan rocas sobre sus cabezas sostenidas por los viejos andamios construidos en épocas en las que el instinto de supervivencia prevalecía sobre el gen defectuoso, hasta que esas estructuras ceden, y la música termina.

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