La morada del exilio interior

Hoy se vendió la morada del exilio interior. Mi vida en ese lugar coincidió con los ocho años más nefastos de la historia democrática argentina: los dos mandatos de Cristina Kirchner. Una época de marginación y menosprecio para los pocos que fuimos anotados con tinta invisible en las listas grises del aparato de cultura oficial al servicio de la alcahuetería y la mediocridad.

Llegué a ese lugar emocional y moralmente destruido, con un juicio en proceso y mi primer largo guardado en un cajón, mi carrera, que dos décadas atrás había arrancado de manera muy auspiciosa con premios internacionales y un reconocimiento tan precoz como precario, parecía haberse quedado sin combustible en medio del desierto. Entonces empecé a hacer canciones, a grabarlas, a disfrutar escuchándolas, empecé a recorrer estudios junto a músicos, que son una clase de gente que siempre había admirado. Ese nuevo viento me llevó por primera vez a Nueva York, que sobrevolé por unos meses en estado de gracia. Volver a un país hostil, degradado y enfermo de chatura, de odio a todo lo que sobresale, me hundió en una melancolía fulminante, que duró casi dos años y que tendría una salida epifánica: una película experimental hecha en siete días, con destino de sala de mala muerte, se tranformaba en el suceso disruptivo del año audiovisual por la audacia de su estreno en un formato nuevo, generando centenares de miles de espectadores y polémicas.

Gracias a esa batalla ganada con tan pocas armas, ingresé (ya a una edad jurásica para los parámetros del llamado “ecosistema”) en el fascinante mundo de los emprendimientos tecnológicos, ideando, desarrollando y liderando dos que vieron la luz y tienen un futuro tan incierto como apasionante por delante.

De esta etapa amarga de mi vida, me quedan canciones como Life y We’ll Shine On, que me dan mucho orgullo, o A Loveless Song que todavía me conmueve, el sonido y las voces profesionales de Stingin’ Tears, las agallas de Cerdos, un manifiesto contra los olfas del regimenzuelo cuando todavía tenía intacta su aspiración autocrática; las canciones y sus respectivos videos hechos sin nada y logrando mucho.

No fue un tiempo trágico, fue un tiempo amargo; no fue de pérdidas ni de frutos; no fue violento, no fue enfermo; no transcurrió entre sombras, sino bajo el sol decolorado de una tarde de otoño.

Publicado en Facebook, 24 de junio de 2016

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s