El Quinteto de la Muerte de los filósofos que más daño le hicieron a la humanidad

1-Hobbes: el gran misántropo de la Filosofía, creía que el hombre es el lobo del hombre y que sólo un Leviatán, el Estado absolutista, puede detener los instintos fratricidas de ese ser intrínsecamente malvado, abandonado en la Tierra para destruir a sus semejantes.

2-Kant: un señor que jamás salió de su pueblo natal, y se le ocurrió que el noúmeno es incognoscible, por lo que dedicó su vida al capricho prusiano de dividir en categorías a la mente humana.

3-Hegel: Inspirado por el poeta presocrático Heráclito, aplicó la dialéctica a todo lo que veía, creando la fábula del historicismo y el sujeto de la historia, y la del amo y el esclavo.

4-Marx: discípulo del anterior, mejoró el marketing del historicismo, cambiando al esotérico Espíritu hegeliano por el Proletariado como sujeto de la historia y a los antigüos amo y esclavo por opresor y oprimido, a lo que sumó, en su autopercepción de economista, el aún vigente mito urbano de la plusvalía. Sin jamás haber sido uno de ellos, arengó a los proletarios del mundo a unirse.

5-Gramsci: autor intelectual de la dictadura global impuesta en todo Occidente en el siglo XXI por el progresismo posmarxista. Con sólo invertir uno de los principios del marxismo clásico, el de la base económica y la superestructura cultural, logró infestar las academias (primero las universidades, luego los secundarios y finalmente la educación inicial), las artes y los medios masivos de comunicación, que son los que escriben y ordenan la moral dominante rectora de las políticas públicas y el Estado en general, sus leyes, justicia, fuerzas policiales, programas de gobierno. Apoyándose en cuatro pilares: el feminismo, el ecologismo, el pacifismo y la islamofilia, esta doctrina creó narrativas que suplantan a la lucha de clases del marxismo clásico por micro luchas binarias, basadas en la fábula del opresor y el oprimido: el hombre oprime a la mujer, el desarrollo oprime (destruye) al planeta, los países capitalistas/imperialistas oprimen a los países pobres (llamados “los pueblos” a secas), los blancos oprimen a los negros, los judíos oprimen a los palestinos, el norte al sur, la vejez a la juventud, el individuo a la comunidad, y un sinnúmero de versiones de esta dramaturgia fast food en la que sólo se deben pedir en caja los nombres de los personajes, y sentarse siempre en las mesas de los segundos para consumir bondad chatarra.

Publicado en Facebook, 27 de junio de 2016

Otras refutaciones

Respondo punto por punto el libelo destinado a demonizar a Israel que escribe Vargas Llosa por encargo de uno de los diarios más antisemitas de uno de los países más antisemitas del mundo, El País de España.

“Allí reflexionó y pensó que sus compatriotas ignoraban las cosas feas que hacía el Ejército en los territorios ocupados y que su obligación moral era hacérselo saber.”

Vargas Llosa debe desconocer los acuerdos de Oslo, firmados por la Autoridad Nacional Palestina, en la que se define a los pueblos habitados por judíos en Cisjordania como “territorios en disputa” cuyo status final debe ser negociado por ambas partes.

“Para ello, Yehuda y un fotógrafo, Miki Kratsman, fundaron el 1 de marzo de 2004 Breaking the Silence (Rompiendo el silencio), una organización que se dedica a recoger testimonios de exsoldados y soldados (cuyas identidades mantienen en secreto).”

Breaking the Silence no es una organización pacifista sino una usina de propaganda creada y financiada por los enemigos del Estado judío, cuya única finalidad es demonizar a las Fuerzas de Defensa de Israel. En todo conflicto armado se producen hechos reñidos con la más estricta moral humanista, pero es sólo sobre los israelíes donde se posa el microscopio de “los justos” como Vargas Llosa y sus secuaces, en este caso, a través de una entidad de traidores a su propio pueblo, de colaboracionistas del enemigo, que reciben ingentes cantidades de dinero y difusión internacional para deslegitimar el derecho a la defensa de un país cercado por ejércitos y organizaciones terroristas cuya única razón de ser es el exterminio de todos los judíos.

“En exposiciones y publicaciones destinadas a informar al público, en Israel y en el extranjero, exhiben la verdad de lo que ocurre en todos los territorios palestinos que fueron ocupados luego de la guerra de 1967.”

¿Y ANTES de la guerra de 1967? ¿Qué era de esos territorios? Desde 1948 Gaza estuvo ocupada por Egipto y toda Cisjordania, incluida Jerusalén, por el reino de Jordania. ¿Clamó en ese entonces Vargas Llosa por la “ocupación” de las tierras palestinas? ¿Dónde estuvieron Vargas Llosa y los luchadores contra la “ocupación” durante todos esos veinte años? Es gracias a Israel y a los Acuerdos de Oslo que los palestinos POR PRIMERA VEZ EN SU HISTORIA administran su territorio, algo que Vargas Llosa omite aviesamente.

“Hasta hace relativamente poco tiempo, gracias a la democracia que reinaba en el país para los ciudadanos israelíes, Breaking the Silence podía operar sin problemas, aunque fuera muy criticada por los sectores nacionalistas y religiosos.”

Vargas Llosa utiliza el tiempo pasado para hablar de la democracia israelí, sugiriendo que en ese país ya no rige el sistema democrático. Seguramente a Vargas Llosa no le parezca una democracia un país en el que todos sus ciudadanos, independientemente de su origen étnico, su religión y su ideología, tiene nel mismo derecho al voto, a formar partidos, a ser candidatos y a manifestar en la vía pública. A Vargas Llosa le parece poco democrático un país en cuya legislatura, parlamentarios elegidos por el voto popular, claman a viva voz por la destrucción de ese país sin que nadie los fusile, como ocurre en decenas de países en el mundo a los que Vargas Llosa ni siquiera dirige su mirada inquisidora, porque es mucho más lucrativo demonizar a la única democracia de Medio Oriente sólo por llevar la Estrella de David en su bandera.

“Y abundan los insultos y amenazas en las redes sociales contra sus fundadores. Yehuda Shaul no se siente intimidado y no piensa hacer ninguna concesión.”

Quizás Vargas Llosa entienda que Israel no es una democracia porque la gente tiene la libertad como para cuestionar en los términos que les parezca a sus secuaces en la campaña de deslegitimación de Israel. Para Vargas Llosa lo democrático sería que se torture y asesine a todo aquél que ose poner en tela de juicio los dictámenes de esa organización de fanáticos antijudíos. Eso es exactamente lo que sucede en Gaza desde que Hamas dio un golpe de Estado y tomó el poder para pasear los cadáveres de los acusados de traición por sus calles.

“Allí está todavía, impertérrita, la periodista Amira Hass, que se fue a vivir a Gaza para padecer en carne propia las miserias de los palestinos y documentarlas día a día en sus crónicas de Haaretz. A ella le debo haber pasado, hace unos años, en la asfixiante y atestada ratonera que es la Franja”

Vargas Llosa echa mano en este párrafo de uno de los clásicos de la narrativa victimista palestina: la Franja de Gaza es un gueto, una prisión a cielo abierto. Sólo hace falta recorrer Internet para ver que esa descripción es una mentira de tinte goebbelsiano, en Gaza hay shoppings, barrios de clase media, negocios, clubes, teatros, escuelas. Que sea un pueblo pobre y atrasado se lo debe a su dirigencia que desde 1947 rechaza la paz y el desarrollo. Mientras los israelíes hacían un oasis en el desierto (basta ver fotos de Tel Aviv en los años 40s para constatar ese milagro), los palestinos dedicaban y dedican todos los recursos recibidos del exterior a traficar armas y hacer túneles para cometer atentados contra civiles israelíes. En 2005 Israel retiró a todos y cada uno de sus ciudadanos de Gaza con la esperanza de que la famosa fórmula de “tierras por paz” tan exitosa con Egipto tuviera la misma suerte con los palestinos, dejó atrás granjas en pleno funcionamiento, con maquinaria moderna y materia prima para producir alimentos; fueron inmediatamente saqueadas y destruidas.

“Como Hanna Barag, que, a las cinco de la madrugada, en el cruce de Qalandiya, lleno de rejas, cámaras y soldados, me fue mostrando la agonía de los trabajadores palestinos que, pese a tener permiso y trabajo en Jerusalén, deben esperar horas de horas antes de poder entrar a ganarse el sustento.”

No hay mentira más abyecta y cobarde que una verdad a medias. Vargas Llosa omite, nuevamente de modo avieso, mencionar que los check points son la única manera posible de evitar el ingreso a Israel de terroristas con bombas que en el pasado sembraron de sangre de ciudadanos indefensos las calles de Israel. Parecería que a Vargas Llosa lo indigna más una requisa que un atentado con bomba.

“Ellos saben que no es así, que, por el contrario, convertirse en un país colonial, que no escucha, que no quiere negociar ni hacer concesiones, que sólo cree en la fuerza, ha hecho que Israel pierda la aureola prestigiosa y honorable que tenía, y que el número de sus adversarios y sus críticos, en vez de disminuir, aumente cada día.”

Vargas Llosa nuevamente carga contra Israel apelando a mentiras y embustes de lo más pedestres ya que no hay país en el mundo que se haya sentado en tantas mesas de negociación como Israel, que haya ofrecido tantas oportunidades a sus enemigos de negociar la paz, que haya devuelto territorios ganados legítimamente, en guerras que no había iniciado, a cambio de acuerdos de paz, territorios como el Sinaí que doblan en extensión al propio Israel y que hoy Egipto explota turísticamente con grandes beneficios.

Israel no ha perdido su prestigio y su honor, los que lo han extraviado son sus autoproclamados “amigos” como Vargas Llosa, que por las mismas monedas que compraron a Judas, se volcaron a la más pura y despiadada difamación contra un pueblo que aún resiste el embate de los grandes centros de producción ideológica, a izquierda y derecha del espectro político, que en todo Occidente trabajan a destajo por su aniquilación.

“Miles, pero no lo bastantes para rectificar ese movimiento de opinión pública que va empujando cada vez más a Israel hacia la intransigencia, como si el ser la primera potencia militar del Oriente Próximo —y, al parecer, la sexta del mundo— fuera la mejor garantía de su seguridad.”

En esto le concedo algo de razón a Vargas Llosa, no es sólo la guerra militar la que debe pelear Israel, también es la mediática y la ideológica, contra enemigos bifrontes que se infiltran en su territorio para dinamitarlo con letras en vez de bombas; enemigos maquiavélicos que se esconden detrás de discursos recargados de sentimientos nobles como la paz y la compasión, para atacar a sus objetivos con armas dialécticas, del mismo modo que los milicianos de Hamas se escudan detrás de niños para lanzar sus misiles contra poblados civiles; enemigos financiados por las grandes usinas de propaganda antisemita revestida de solidaridad y humanismo que tiene un Occidente volcado al odio al judío del mundo que es Israel como no se veía desde los años del surgimiento y ascenso del nazismo; enemigos que tienen nombre y apellido, como Mario Vargas Llosa.

Publicado en Facebook, 1 de julio de 2016

Un mundo infeliz

Vivimos en una época dominada y gobernada por la envidia y el resentimiento, los peores sentimientos de la miseria humana que son la raíz de esa doctrina infame que es el “igualitarismo”, el tronco de tantas ramas ideológicas entre las que está este feminismo recargado de odio y totalitarismo que dicta los parámetros morales del siglo XXI.

Así como en lo económico, la única manera que esta dictadura global progrezurda tiene de lograr la “igualdad” es sacando a los que producen, jamás instruyendo e incentivando a producir a los que no lo hacen, en lo cultural también proceden siempre con la censura, las prohibiciones, las persecuciones, porque destruir es lo único que saben y pueden hacer, jamás crear.

Prohíben la belleza para apaciguar la envidia de las feas, prohíben la inteligencia para premiar a los tontos, prohíben el conocimiento para igualar a los burros y manipularlos con más facilidad.

Vivimos en un mundo repugnante hecho a la medida de lo peor de la humanidad, por este camino nos espera la extinción, porque no hay especie que sobreviva si involuciona.

Publicado en Facebook, 26 de septiembre de 2016

POLITOLOGÍA DESDE EL JARDÍN

La literatura oriental (también la filosofía) es muy profusa en analogías naturales, alegorías en las que la naturaleza ofrece una visión clara y didáctica de lo que se busca explicar.

Las ideologías son ramas que nacen de un tronco o tallo principal y que dan frutos. Los frutos de las ideologías son las sociedades: su economía, su cultura, su arte, sus deportes, todo lo que el ser humano es capaz de hacer guiado por esos manuales instructivos que primero le explican lo que le sucede, después por qué le sucede y finalmente cómo debe obrar para que esas ramas den los mejores frutos.

Las ramas provienen del tronco, que es una idea, simple y concisa, que se puede expresar en una sola palabra. El tronco está arraigado y crece a partir de la raíz que ya no es una idea sino un sentimiento humano, también simple y conciso que puede ser expresado en una sola palabra.

Hay sólo dos clases de árboles y ambos brotan de lo que la literatura cristiana, desde Tascio Cecilio Cipriano, obispo de Cartago (y sin duda mucho antes que éste), llama “pecados capitales” porque de ellos a su vez brotan otros pecados: los que nacen de la raíz de la envidia (o el resentimiento) y los que nacen a partir de la raíz de la arrogancia (también calificada como soberbia u orgullo).

Del resentimiento nace el tronco de la igualdad y del de la arrogancia el tallo de la libertad, el primero crece alimentado por la necesidad de emparejar y el segundo por la de crear, para lo cual uno necesita recortar, sacar y destruir y el otro agregar, inventar y construir.

De la idea de libertad (una idea que jamás puede ponerse en práctica en sus extremos ya que no existe la libertad absoluta ni la falta de libertad absoluta, pero que en todos sus términos medios es la fuente y razón de todo ser vivo) crece sólo una rama que es el liberalismo republicano, minarquista y capitalista, que fue la ideología que más frutos dio a la humanidad.

De la idea de igualdad (una idea impracticable que sólo puede aspirar a la similitud desde el momento en que no hay dos objetos iguales en el Universo) crecen las ramas ideológicas del colectivismo en todas sus formas: socialismo, cooperativismo, fascismo, comunitarismo, feudalismo, anarquismo, feminismo, ecologismo, pacifismo, coranismo, catolicismo romano, justicialismo (un argentinismo que ahora vemos exportado al primer mundo bajo la etiqueta de “social justice warrior”) entre muchas otras.

Mientras exista alguien que sienta resentimiento, en esta parte del mundo el 17 de octubre va a seguir festejándose como el Día de la Lealtad.

Publicado en Facebook, 17 de octubre de 2016

SEXO, DROGA Y MANIPULACIÓN

Ni siquiera al comienzo de la era mediática, cuando surge material y conceptualmente el medio de comunicación de masas, hubo un grado de sometimiento de esas masas a los consensos mediáticos como puede verse en esta época alucinada por la diatriba. En el año 2016, Occidente vuelve a reflotar el sistema de comunicación que descubrió el totalitarismo del siglo XX que tan bien supo caracterizar Orwell en 1984, pero embozado bajo una máscara de pluralidad y democracia, cuando esos consensos son drogas de diseño, pergeñadas y empaquetadas en los laboratorios de la ideología hegemónica de esta época: el progresismo posmarxista de matriz gramsciana.

Repasemos las consignas del día: “la drogaron, la violaron, la empalaron y la asesinaron”. Lo primero que hay que destacar es el inefable uso de la tercera persona del plural y el sujeto tácito, procedimiento heredado del más genérico “nos están matando”. Pero ese sujeto, esos sujetos, no son tácitos, tienen nombre y apellido y son los que cometimos el crimen de lesa humanidad de nacer con nuestras células malformadas con el demoníaco par 23 de cromosomas bajo la forma XY. Que seamos nosotros los que legamos a nuestras sempiternas víctimas una de las X de sus cromosomas capicúas, es un dato menor y de color que en nada calienta las neuronas de las convencidas de que la ciencia es una imposición de los asesinos, especialmente los de piel blanca.

No creo en absoluto que éste sea un caso de ese engendro conceptual, ese capricho mal razonado y peor fundamentado llamado “femicidio”. Si ya de por sí es absurdo enunciar que exista un hombre que mata a una mujer “por su condición de mujer”, este caso no parece tener ninguna relación con esa relación causa-efecto. El ya juzgado por los medios y los indignados como el femicida, sádico, violador, empalador, no tuvo mejor idea que, terminada su faena satánica, bañar a su víctima y llevarla al hospital. El relato nos habla de un monstruo de las características diabólicas de los personajes más estrambóticos del thriller dark, psicópatas como los que pululaban por Twin Peaks o el costurero que se hacía un vestido de gordas en El Silencio de los Inocentes. Si esos guiones hubiesen tenido como final al abominable asesino llevando a su víctima al hospital no habrían pasado ni siquiera la puerta de una productora, pero eso es lo que nos cuentan hoy los medios y, lejos de percibir una inverosimilitud grotesca, las masas abrazan enardecidas las consignas de los sujetos tácitos, porque no hay actividad que excite más al hombre y a la mujer masa del siglo XXI, a falta de sexo, que dejarse manipular los genitales morales por Savonarolas digitales.

Publicado en Facebook, 19 de octubre de 2016

Refutaciones

Me tomé el trabajito de rebatir punto por punto este textito lamentablemente viralizado en redes por los cultores de la ideología de género, texto que, como el de Casciari, parece arrancado en una sesión de tortura en un gulag stalinista o en un linchamiento de la Revolución Cultural en los que se obligaba a los “contrarrevolucionarios” a reconocer sus crímenes, a ponerse incondicionalmente del lado de la revolución y a renegar de todo rasgo individual para transformarse en “el hombre nuevo”.

Invito al autor, Nazareno Chavez, a debatir en mi muro y no en el suyo para evitarle la tentación del bloqueo fácil.

Es largo, larguísimo, pero no había otra forma de responder tantas mentiras, tergiversaciones y falacias, va en tres partes:

PARTE I

¿Y POR QUÉ NO “NI UNO MENOS”?

“Porque los varones tenemos el privilegio de caminar tranquilos por las calles sin temor a ser piropeados con palabras obsenas y expresiones repulsivas.”

Los varones no tenemos ningún privilegio de caminar por la calle, de hecho, somos los que morimos por violencia callejera en una proporción de más de 8 a 1 con respecto a las mujeres, y, en cuanto a las expresiones repulsivas, si tenemos la suerte de caminar por una calle vandalizada por feministas vamos a tener que leer consignas como “muerte al macho”, no creo que haya en ninguna ciudad de todo Occidente un graffiti que rece “muerte a la hembra”. (Se escribe “obscenas”)

“Se nos evita lo asqueroso de tener a quien nos apoye en los transportes públicos o se masturben en las camionetas dedicando su semen a nuestros cuerpos.”

No sé en qué transportes públicos viajará el autor, pero en los de cualquier ciudad del mundo, en hora pico, hombres y mujeres somos apoyados por hombres y mujeres y no hacemos un escándalo como si nos hubiesen violado. La segunda parte de esta frase debe corresponder al rubro literario de la “ficción pornográfica”, no a la realidad (al menos no a la de millones de hombres que viajan en todo medio de locomoción sin masturbarse).

“Porque nadie critica nuestra forma de vestir ni nos hablan de cuán cortas son nuestras bermudas o nos tratan de andar calentando genitales si se nos ve el boxer.”

Acá hay varias confusiones. Por empezar, críticas a la indumentaria recibe cualquier persona independientemente de su sexo y ello no constituye ningún agravio. La otra confusión es equiparar la libido masculina con la femenina ya que la excitación sexual visual depende de la acción de la testosterona, los hombres pueden alcanzar un grado alto de excitación e incluso pueden llegar al orgasmo sólo con observar imágenes, algo que es casi imposible o al menos muy infrecuente en las mujeres. El exhibicionismo seguido de represión (el “se mira pero no se toca”) es una forma de histeria practicada exclusivamente por mujeres, por la conformación de la sexo-genitalidad masculina antes explicada. No obstante lo cual, sólo con recorrer las ciudades de todo Occidente, se puede verificar que la enorme mayoría de las mujeres visten como quieren, sin que por ello se levanten tribunales inquisitoriales para juzgarlas como fantasea el autor.

“Porque no se nos pasa por la cabeza salir a bailar y terminar violados porque nos pusieron algo en nuestras bebidas ni tenemos que ubicar a decenas de desubicados durante toda la noche que se piensan que son nuestros dueños y que tenemos que obedecer y ser sumisos.”

Otro pasaje de ficción, esta vez basado en el mito urbano de “pusieron algo en mi bebida” sólo válido como letra de una canción de los Ramones. Si todas las mujeres de verdad pensaran que van a ser violadas o acosadas del modo que describe absurdamente el autor, hace mucho tiempo habrían dejado de ir a bailar, la cada vez mayor concurrencia femenina a eventos nocturnos de toda clase refuta por sí sola estas imaginaciones. Las mujeres en Occidente hace décadas que asisten a fiestas, bailes y clubes, sólo en una mente afiebrada por la paranoia puede desarrollarse ese cuadro de “desubicados” obligando a obedecer y ser sumisas a todas esas mujeres, salvo que el autor se esté refiriendo al mundo islámico, que no parece ser el caso.

“Porque, al parecer, para la sociedad las bolsas de consorcio no nos quedan tan bien a nosotros como a ellas.”

Acá el autor apela a un caso puntual, pero en forma plural, una falacia conocida como Secundum quid (generalización apresurada).

PARTE II de las respuestas al texto de Nazareno Chavez

“Porque cuando somos chicos nadie nos regala ni escobas ni bebés ni cocinitas de juguete para que “vayamos practicando”.”

El autor desconoce por completo tanto el mundo infantil como el mundo parental, los padres regalan a sus hijos lo mismo que regalan los adultos a otros adultos: lo que les gusta. Los chicos manifiestan sus gustos y los padres acceden a proveerlos con los juguetes que entretienen a esos chicos, que los niños pidan una clase de juguetes y las niñas otros, no es producto de ninguna inducción cultural como plantea la teoría de género, sino producto de la conformación biológica de cada sexo y la identificación primaria del sujeto a la figura parental que lo representa. Sólo hace falta recordar el desastre en el que terminó el experimento del siniestro médico neozelandés John Money cuando intentó probar la teoría de la construcción cultural del género con los mellizos Reimer que pusieron fin a sus torturadas vidas, producto de ese experimento mengeliano, suicidándose.

“Porque tenemos el privilegio de que mamá nos cocine, nuestras hermanas laven los platos y papá nos invite al sillón a ver cómodamente el partido.”

Mi madre cocinaba también para mi hermana y mi hermana, que lavó tres platos en toda su vida, hubiera preferido tirarse por la ventana antes que ver un partido de fútbol con mi padre, el autor ve privilegios donde sólo hay elecciones y gustos personales: hasta el día de hoy veo futbol con mi abuela a quien sí le gusta ver deportes, como a muchas mujeres. Este pasaje podría ser catalogado de “reduccionismo costumbrista”.

“Porque nuestros amigos no nos tienen que avisar si llegaron bien porque ya lo damos por hecho.”

El autor debe vivir en algún país con tasa de criminalidad cero en el que los hombres no corren ningún riesgo de padecer un hecho de violencia. En Argentina, son los hombres los que en una relación de 8 a 1 corren más riesgos de morir fuera de sus hogares que las mujeres.

“Porque tenemos el privilegio de que no se nos critique por acostarnos con cuantas personas queramos (es más, cuantas más sean más capos somos)”

Insiste el autor en decretar quién es socialmente criticado y quién no. Como prueba del error de este pasaje, traigo a colación la figura del “baboso” con la que las mujeres descalifican a los hombres sólo por mirar a una mujer atractiva. (Se escribe “queramos”)

“Porque las histéricas son ellas. Porque nosotros somos más inteligentes y hasta cobramos más haciendo el mismo trabajo.”

Acá aparece uno de los mantras del feminismo, el mito urbano de la “brecha salarial” que ya fue refutada de mil y una formas por economistas serios. No existe tal cosa, en términos generales las mujeres optan por carreras de menor remuneración (hay más cirujanos que cirujanas y más enfermeras que enfermeros), las mujeres dedican menos tiempo al trabajo y a la formación accediendo a puestos de menor jerarquía, las mujeres no buscan trabajos con riesgo, ya sea de tener accidentes laborales (que tienen muy buenos salarios) ni trabajos inestables, las mujeres optan en menor medida que los hombres al cuentapropismo y al desarrollo de emprendimientos autogestionados. No existe ningún gremio que negocie paritarias de acuerdo al género, ni existe ningún puesto de la administración pública que pague una clase de salario al empleado hombre y otro a la empleada mujer de la misma jerarquía. Por otro lado, en el mundo de las profesiones liberales, son los profesionales de ambos géneros los que ofrecen sus servicios por el valor que ellos crean justo y son los clientes los que validan ese valor en base a su propio criterio y no por acción de alguna entidad metafísica que discrimina según el género del profesional.

“Porque si asciendo en el trabajo es por mi capacidad y no por haberme cogido a nadie.”

En este pasaje el autor se pega un tiro en el pie y termina acusando a las mujeres de ascender utilizando su sexo, lo cual en muchos casos es cierto.

“Porque si no queremos ser papás nos desentendemos, nos borramos y ya fue todo. Ellas quieren abortar porque son asesinas y no se hacen cargo de lo que les corresponde que es ser madres ante todo. Porque no se cuidaron y nosotros no nos corresponde esa parte.”

Impresionante la capacidad del autor para hacer una sopa de letras con tan pocas palabras. Veamos: si algo no pueden hacer los hombres es “borrase y ya fue todo” porque existe lo que se llama prueba de ADN, si una mujer se presenta en un juzgado con esa prueba, el pretendido “borrado” va a tener que pagar alimentos hasta la mayoría de edad de sus hijos, aunque no conviva con ninguno de ellos. He aquí que aparece la varita mágica del aborto que les provee tanto a madres como a padres la coartada moral de decirles que esos hijos, mientras estén en el útero, no son seres humanos y por ende carecen de derechos, principal y especialmente el derecho a la vida, una transacción moral y legal más que conveniente para ambos progenitores.

“Porque soy bien macho y me burlo de las travas, me las cojo y las mato para reafirmar mi masculinidad.”

En este pasaje el autor parece confesar hechos de su pasado que me resultan materialmente imposibles de verificar, haciendo la salvedad que “bien macho” y “cojo travas” en una misma frase constituyen un oxímoron.

“Porque si me gustan los tipos nadie dice que es porque todavía no me cogí una buena concha.”

El autor sugiere que las lesbianas son acusadas de no haber probado un buen sexo con un hombre. De esta crítica sólo se puede inferir que el autor cree que la orientación sexual no tiene relación con las prácticas sexuales, lo cual lo haría entrar en franca contradicción con la teoría de la construcción cultural del género.

“Porque sé más de política y sé manejarme mejor en ese mundo. Porque si ella llega a diputada es porque habia que llenar el cupo o ¿adiviná? sí: se acostó con alguno.”

El autor retoma la superstición de los roles de género inducidos culturalmente, ahora para desconocer que por una amplia mayoría los hombres optan por la actividad política que sólo a una minoría de mujeres le resulta atractiva y que efectivamente los cupos son llenados por clientes femeninas de esos hombres (sea a cambio sexo o a cambio de obediencia debida política) dando por resultado una casta de incompetentes (por una simple razón probabilística: no llegan las mejores sino las beneficiadas de la ampliación de un porcentaje mayor de un universo ya de por sí poco meritocrático). Sólo cuando los electores puedan votar legisladores individualmente y no por listas sábanas, el punto apuntado en este pasaje se va a dilucidar, pero no parece ser una preocupación del autor.

“Porque yo no cotizo en el mercado de la prostitución tanto como ellas y no tengo el miedo a ser secuestrado para terminar en un puterío haciendo con mi cuerpo algo que no quiero.”

Otra ensalada en la que se mezcla: la libido, el mercado, el mito de la brecha salarial y otro mito de mucha actualidad que es el de la trata. Vamos por partes:

Los hombres se dedican en menor cantidad a prestar servicios sexuales (y si lo hacen es para clientes masculinos, taxi boys y travestis) por la naturaleza de la libido de cada sexo, que es la misma que en todo el reino animal: el macho necesita copular mucho porque sólo así se garantiza la continuidad de la especie, hay más demanda de sexo por parte de los hombres heterosexuales y por eso hay más oferta de sexo por parte de las mujeres, lo cual nos lleva a explicar la brecha salarial inversa (las mujeres ganan más en esta profesión porque hay más clientes que desean pagar más por ese servicio) y también refutar con este mismo argumento que exista en el siglo XXI la trata de mujeres para servicios sexuales. Ese tráfico de personas existió efectivamente a principios del siglo XX porque había poca oferta de mujeres dedicadas a los servicios sexuales y porque esa oferta era de mujeres mestizas, de ahí que la trata se llamó “de blancas” ya que las “importadas” provenían de Europa del Este y eran muy cotizadas por sus características físicas y su escasez, algo que de ninguna manera sucede hoy en que la oferta es variada y por mucho excede la demanda.

“Porque yo voy al puterio y soy un campeón y ser puta es una deshonra.”

Otra confusión del autor con la que vuelve a caer en otra contradicción: si hay hoy una clase de hombre demonizado (precisamente por la moral que milita el autor) es el cliente de la prostitución, y las trabajadoras sexuales, más que como deshonradas, se las ve como víctimas de esos clientes y se las trata de liberar, aunque ellas no quieran porque las mujeres son dueñas de sus cuerpos hasta que hacen lo que la moral que milita el autor considera justamente deshonrosa.

“Porque si me mando una cagada con un ramo de flores y unos bombones en el dia de la mujer me convierto en un señor caballeroso, en un hombre de verdad.”

Misterioso pasaje, en el que al autor o bien propone que existan hombres infalibles que no cometan errores o bien propone que estos permanezcan indiferentes a los efectos de sus errores y nunca pidan perdón.

PARTE III (y última) de las respuestas al texto de Nazareno Chavez

“Sencillamente PORQUE NO TE DAS UNA IDEA DE LO QUE ES SER ELLAS EN UN MUNDO TAN DESIGUAL COMO ESTE.”

El autor se siente, en este enfervorizado pasaje, poseído por una enjundia mayúscula, de tal modo que no puede más que expresarlo en letras capitales. Deja entender que posee una comprensión especial (cayendo nuevamente en una falacia, la del alegato especial) del ser femenino en un mundo decretado como desigual por la ideología de género que él mismo milita apelando a falacias como la brecha salarial, lo cual le permite acusar a todo el género masculino de no poseer esa visión esclarecida y por lo tanto carecer de toda empatía con el sexo opuesto.

“A ver si lo dejamos bien clarito: todavía no hablamos de “ni uno menos” porque estamos llenos de privilegios que deberíamos cuestionarnos una y mil veces antes de hablar de feminazis exageradas antihombres o hablar de “igualismo”.”

Muy bien, me voy a custionar los “privilegios” de los hombres en Occidente en el siglo XXI: tenemos el privilegio de morir violentamente en las calles en una proporción de 8 a 1 con respecto a las mujeres, tenemos el privilegio de ir presos en una relación de 5 a 1 con respecto a las mujeres y de ser violados en las cárceles, tenemos el privilegio de realizar los trabajos de mayor riesgo de perder la vida, de ser la gran mayoría de la población en situación de calle (tanto adultos como niños), tenemos el privilegio de ser los aportantes a la manutención de los hijos y no compartir por igual la patria potestad, el privilegio de que nuestro testimonio valga menos que el de una mujer en toda instancia judicial, especialmente los tribunales de familia, tenemos el privilegio de que se haya dictado una ley que sólo nos agrava las penas a nosotros por los mismos delitos que cometan las mujeres, tenemos el privilegio de egresar en menor cantidad de universidades y escuelas secundarias, tenemos el privilegio de ser agredidos y demonizados día tras día en los medios de comunicación sólo por portar cromosmas XY.

Voy a cuestionarme hablar de “feminazis exageradas antihombres” cuando un slogan como “muerte al macho” sea repudiado por las que organizan los encuentros que dejan esa clase de ideas en las paredes de las ciudades donde se realizan esos encuentros. Voy a dejar de creer que hay mujeres que me odian por mi condición de hombre, que es en la definición biológica el macho de la especie Homo Sapiens, cuando celebrities de los estudios de género como Gloria Steinem dejen de decir que hay que “desmasculinizarme”, versión de género de los gulags en los que el stalinismo torturaba “contrarrevolucionarios” para convertirlos en “el hombre nuevo”.

En la útima parte del pasaje el autor por fin se saca la careta solidaria y buenista y manifiesta lo que verdaderamente cree: que la igualdad no es buena, ni siquiera pensable ni deseable, en esas últimas palabras el autor se posiciona como un Judenrat de género y reniega de su status masculino (y humano) para autodenigrase a la categoría de ser de segunda que no debe siquiera aspirar a la igualdad sino que debe jurar una lealtad menos que de segunda al movimiento emancipatorio de la mujer como sujeto histórico llamado a romper las cadenas de la opresión heteropatriarcal y así presenciar desde un humillante segundo plano la creación de un nuevo orden en el que el individuo y sus libertades, empezando por su sexo, sean finalmente eliminados para ser reemplazados por masas uniformes sometidas al gran gineceo global.

“Porque el día en que nos empecemos a plantear una nueva masculinidad,”

“El hombre nuevo”, la aspiración máxima de todo totalitarismo.

“dejemos de criar machitos heteronormativos y patriarcales”

Jamás dejar de meterse con los niños, cuanto más chicos mejor, porque al “hombre nuevo” hay que violarlo mentalmente de niño para poder adoctrinarlo sin que de joven de rebele.

“y nos demos el debate que el tema se merece,”

Si algo no quieren hacer quienes militan la ideología de odio de género es debatir, quieren imponer dogmas de militancia, falacias, mentiras y toda forma de manipulación que conduzca a los objetivos de la agenda política que hay detrás de este movimiento: reemplazar la lucha de clases económica que se perdió por las armas, con la lucha de género que se va a ganar con los medios y las academias.

“EL DÍA QUE DEJEN DE MATARLAS Y HUMILLARLAS ahí si vamos a poder hablar de otra manera.”

No podía faltar el utopismo como modo de renegar del anterior llamado al debate que de ninguna manera se quiere dar: sólo cuando nadie sea asesinado en el mundo vamos a dejar que alguien ose refutar nuestras ideas, es decir, cuando el ser humano vuelva a habitar el Paraíso, recién ahí tendremos el derecho a cuestionar a la secta de género.

“El machismo nos ataca a todos en general pero las mata a ellas en particular.

No seas cómplice.”

Las consignas finales mezclan la jerga epidemiológica con la policial, dejando la sensación de que el texto es tanto un alegato como una advertencia, una combinatoria propia de los monjes inquisidores o los comisarios políticos, hombrecitos mediocres y alcahuetes avergonzados por un complejo de inferioridad que hacían catarsis de su pequeñez persiguiendo y castrando a los que percibían como hombres libres.

Publicado en Facebook, 24 de octubre de 2016

Grunge, olía a espíritu adolescente

El grunge fue el último movimiento (contra)cultural que dio el rock. De madre hippie y padre punk, siguiendo los pasos de los hermanos mayores alternativos y sónicos, fue la última vez que una generación de jóvenes se reunirían en torno a una forma de expresión articulada en una imagen y un sonido propio para hacer catarsis de su época con una guitarra eléctrica. Al otro lado del Atlántico, también se gestaba otra cultura rockera joven en la ciudad que vio nacer al capitalismo industrial, también reinventando una herencia de la década en que estos jóvenes habían nacido, aunque en este caso volcada a la psicodelia y puesta a favor del baile y la celebración de la cultura del ácido.

Los del nuevo continente necesitaban ser mucho más salvajes, ruidosos y oscuros que sus pares manchesterianos, por eso el movimiento sólo podía nacer en la ciudad de la lluvia. Alimentado culturalmente a base de ciberpunk literario, el nuevo comic americano delineado por Miller (The Dark Knight Returns) y la dupla Moore-Gibbons (Watchmen), y, por supuesto, el siniestro lyncheano, el grunge es el Twin Peaks del rock: la siesta bucólica que estalla en un pogo descontrolado de sexo y muerte al ritmo de redoblantes volcánicos y guitarras tormentosas subidas a bajos que como locomotoras recorrían esos bosques de climas invernales e infernales, entre alaridos, llantos y susurros de cuerdas vocales carcomidas, desgajando letras desesperadas y furiosas.

No tuvo la energía contestaria del punk, pero rescató la cultura del “hacélo vos mismo”, vaciló entre la violencia y la corrección política que ya por entonces desembarcaba con toda la flota en el día D del progresismo que fue el triunfo de Clinton sobre el desgastado Bush, cuya errática presidencia resultó irónicamente el caldo de cultivo de este movimiento que tanto lo detestaba y se volcaba ingenuamente a la nueva política (algo que se replicaría unos años más tarde en UK cuando el laborismo del infausto Tony Blair coopta a la elite rockera, comiéndose al britpop como el Saturno de Goya a su hijo). Incluso en lo estético fue un movimiento menos homogéneo que sus predecesores que fueron mucho más estrictos en la uniformación: en el grunge había pelos largos y cortos, jeans rotos y nuevos, remeras y sweaters, camisas y torsos desnudos, sensibilidad y desapego, profundidad y frivolidad, compromiso y cinismo, chicas y chicos tanto abajo como arriba del escenario, baladas y blitzrock, coros y gritos, flores y gargajos. Un movimiento tan difuso que fue confundido mediática y sociológicamente con la Generación X, con los apáticos slackers, con los antisistema de sofá alla Beavis & Butthead, incluso hubo grupos pop que las discográficas lookearon “grunge” para obtener algún beneficio de pescador en ese río revuelto. Lo cierto es que el grunge desbancó de las listas de ventas a los artistas más y mejor prefabricados en laboratorio para sonar en las todavía por aquel entonces muy influyentes FM.

Las generaciones siguientes encontrarían nuevas fogatas, encendidas por otros sonidos, en torno a las cuales calentar sus pies: la electrónica dance, la abulia indie, la tecnocracia hipster, pero nunca más serían fogoneados por la lava del rock, al menos no de uno que trajera renovación y no se limitara a la emulación, el homenaje o la parodia involuntaria. Si a principios de los 90s era necesario un aire fresco que nos diera un respiro a las drogas de diseño musical, hoy, en pleno siglo XXI, todos, no sólo los jóvenes, estamos necesitando vomitar los desconectores de neuronas que nos venden las cocinas de paco cultural en que se transformaron las industrias del entretenimiento; necesitamos alucinarnos de nuevo con el aroma de la hierba fresca que sólo los artistas, y no los ejecutivos de marketing y sus starlets, saben dónde crece.

Publicado en Facebook, 18 de diciembre de 2016