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NADIE ES LA CULTURA

Jueves 23 de mayo de 2024

PRESENTACIÓN ANTE LA COMISIÓN DE CULTURA

DE LA

CÁMARA DE DIPUTADOS DE LA NACIÓN ARGENTINA

NADIE ES LA CULTURA. Reitero: nadie es la cultura. Nadie es el arte, ni siquiera el arte que dice ejercer, nadie representa al arte. Ninguna organización, ninguna asociación, ningún sindicato representa a todos los artistas, que en realidad son, somos, artesanos, y no todos idóneos por igual.

Lo que nos convoca hoy al debate es nuestro oficio, nuestros oficios, no los espejos deformantes de un laberinto del ego como el de La Dama de Shangai, en el que tantos siguen atrapados en sus propias imágenes paganas.

La ley de cine de los años 90, que está en vigencia, dejó a la “industria” a merced de las autodenominadas entidades. Habría que resucitar a Heideggerpara que nos explique qué son “las entidades”, de lo que no hay duda es que detrás de esa autocelebración ontológica, las entidades tienen el monopolio estético, ético e ideológico del cine argentino, y es ese poder el que no van a entregar sin oponer una resistencia caprichosa y escandalosa, pasos de sainete aferrados a un guion de hierro, declamado y sobreactuado hasta el paroxismo cada vez que alguien osa poner en tela de juicio el castillo de naipes que habitan los okupas de la cultura. Voy mencionar dos de las innumerables paradojas y contradicciones en las que cíclicamente incurre la historia oficial de este conglomerado de gremios de nuestro medioevo audiovisual.

1- Se jactan de practicar un cine “de arte” o “de autor”, o de la etiqueta que inventen los críticos ad hoc para vender la moda de turno, desprecian el cine comercial y la TV, pero no tienen ningún prurito en recibir los subsidios del Fondo de Fomento del INCAA que proviene del 10% de todas las entradas DE ESE CINE MASIVO y del 25% que dejan los canales de televisión en el ENACOM, el aroma comercial de esos billetes pareciera ser una fragancia adictiva para sus narices voraces.

2- En esos años 90 de la ley de cine, al calor del fin de la historia de Fukuyama, pergeñaron el slogan “pensamiento único”, para denunciar una imaginaria tiranía ideológica en las industrias culturales y los medios de comunicación, mientras esos mismos intelectuales orgánicos copaban el sistema educativo y toda forma de comunicación y manipulación de masas, logrando en tres décadas que el pensamiento único sea el de ellos. La ley de cine fue un instrumento clave en esa batalla ideológica ganada por la casta cultural que sí impuso un régimen que persigue los crímenes de pensamiento. Hoy una palabra puede llevar a un individuo ante un tribunal. Orwell sólo erró con el año.

El INCAA no existió siempre. Antes del Instituto y del modelo de subsidios se hizo un cine industrial y profesional en Argentina, estructurado a la manera de los estudios de Hollywood y el star system de los años 20, 30 y 40, una maquinaria con un modelo de negocio exitoso que nunca tuvo que depender del Estado, ni de la extorsiva “generosidad” de fundaciones y festivales extranjeros, lo cual nos lleva a la tercera paradoja de nuestros revolucionarios del celuloide: plagaron sus discursos y sus películas de una épica “antiimperialista” mientras obedecían con la más rastrera sumisión las órdenes estéticas y principalmente de propaganda ideológica ordenadas desde Cannes, Berlín o Roterdam, porque si hay algo que no hicieron ni harán nunca los titiriteros es permitir a sus marionetas bailar al son de su propia música ni, menos que menos, regalar su dinero a cambio de nada.

Otra vez: batalla cultural pura y dura, nada de arte, nada de autores, nada de voz propia ni de libertad, la misma pata colonial sobre nuestras cabezas, esta vez sobre nuestras imágenes, ideas y sueños en vez de nuestros cráneos. Parafraseando a Ginsberg: he visto a los mejores productores de mi generación reducidos al indigno papel de gestores mendicantes de subsidios. El daño también es autoinfligido.

En la primera versión de la Ley Bases, en su sección sobre cinematografía, había una propuesta seria y profesional, bien pensada, bien elaborada, que reordenaba la estructura del INCAA y proyectaba una industria audiovisual saneada de corruptelas, endogamias y malversación discrecional del poder. Pido a los legisladores que retomen ese camino de liberación de una servidumbre cultural que nos enterró en un pozo de mediocridad. Un primer paso para liberar nuestras fuerzas productivas artísticas y culturales, liberar a quienes imaginan, crean y producen del yugo global y del colaboracionismo local de las quintas columnas de ese poder omnímodo y sofocante y, al fin, liberar al público de la copia de la copia de una monserga monocorde multiplicada ad nauseam, latinismo que hoy, como nunca, expresa un malestar del cuerpo social, que es también el malestar intelectual y moral de ya no poder digerir más mentiras.

Maximiliano Gerscovich

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Los per(r)os de Milei

“¿De qué tiene miedo? Aquí solamente estamos nosotros, el viento y los perros.”
Il Gattopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa

Hoy, domingo 22 de octubre de 2023, este gris suburbio de un mundo que se desgarra a sangre y fuego, se permite la veleidad de unas elecciones que cambiarán todo para que no cambie nada. Hace unos meses tenía varias razones para poner una boleta en la urna, hasta hoy solamente me quedaban algunas, y ahora ya son un voto en blanco. Dos años atrás, un aparente movimiento nacía de las ruinas del trauma colectivo, del sufrimiento por una enfermedad maldita esparcida por todo el planeta, un aire fresco llegaba para reverdecer a una sociedad reseca, hundida en la bruma del agobio diario, venía a insuflar vida a un pueblo cansado.

“I’m as mad as hell, and I’m not going to take this any more!”

El líder providencial era un personaje que, antes de ponerse a la cabeza de la gesta, no me despertaba mucho interés, no me entretenían sus batallas aturdidas en el circo romano de la televisión, aunque siempre deseaba su triunfo y nunca me rasgué las vestiduras biempensantes por sus modales acordes a la dinámica de esos shows. Más que el amor al bloque completo de sus ideas, algunas de las cuales sigo compartiendo, siempre me unió a él el espanto a sus enemigos, que eran y siguen siendo los míos, esa quinta columna de colaboracionistas o directamente sirvientes de la hegemonía globalista, el gobierno de facto mundial que ya no tiene ni la digna hipocresía de enmascararse y se muestra con descaro como lo que es: una superestructura política, económica, social y cultural, creada y sostenida por un enjambre de élites decadentes y degeneradas que abrazaron la demencia del posmarxismo en todas sus vertientes, desde el feminismo misándrico al ambientalismo misántropo, pasando por la esquizofrenia depravada de la ideología de género, como aparato teórico de justificación y propaganda de todas sus perversiones, una distopía que intenta controlar y dominar la vida del primero al último de los seres humanos y que tampoco oculta su siniestra finalidad malthusiana de acabar con buena parte de esas vidas, exterminándolas en el vientre materno o, ya fuera de él, de todas las formas que sean necesarias, diría Malcom X. Si el útero es el lugar en el que un ser humano corre mayor riesgo de ser asesinado con la complicidad, la logística y la financiación del Estado, todo aquel que enfrente sin ambigüedades esa abyección en principio va a contar con mi simpatía, especialmente cuando levanta esa bandera de defensa de la vida en el corazón del régimen infanticida, que tiene en su puño a las actuales usinas de manipulación de masas que antes supieron ser medios de comunicación, industrias culturales y academias, resabios de una civilización en descomposición, refugios asaltados, cooptados por los clanes de mediocres maliciosos e ignorantes denominados  “intelectuales orgánicos” por Gramsci. Aquellos artesanales instrumentos del saber y la elevación moral y espiritual del pueblo fueron metamorfoseados ominosamente en órganos de desinformación, empresas de entretenimiento basura y un sistema de adoctrinamiento escolar para la producción industrial de repetidores de slogans y frases prefabricadas, el ejército de autómatas que sostienen a la dictadura global.

La Armada Brancaleone

Esa maquinaria que todo lo abarca llamó y sigue llamando “peligroso” a este predicador gutural, y cuando vi esa etiqueta tan burda multiplicarse hasta el paroxismo a través de esos medios robóticos de repetición, supe que tenía que sumar mi voz, mi acción y todo lo que pudiera aportar a esa cruzada de un hombre contra aquel enemigo omnímodo. No advertí, como sí lo hice hace ya unos meses, que, si ésta era la primera cruzada, entonces también terminaría como la de Pedro el Ermitaño (Amiens, c. 1050 – Neufmoustier, 1115), la llamada “cruzada popular” o “campesina”, un rejunte de entusiastas sin formación ni recursos militares, tan espontánea como rocambolesca, que fue aniquilada antes de llegar a Tierra Santa. Desde ese momento en que identifiqué al movimiento como una Armada Brancaleone, me preguntaba si su destino era la tragedia o la farsa, de acuerdo a la definición de Marx sobre la idea hegeliana de la repetición de la Historia. Y es que este movimiento es una catedral que comenzó por la aguja en vez de los cimientos. Aprovechando el momentum mediático, empezaron por la batalla electoral antes de dominar la territorial, donde se juega la viabilidad y el destino de todo gobierno. Mal que les pese a sus exaltados adictos, carenciados de toda formación intelectual (que desprecian) y política (que en el fondo temen), se equivocan cuando dan por ganada una batalla cultural en base a un par de arrebatos de incorrección política potenciados en los espejismos de las redes sociales, tienen demasiado apetito por la destrucción del viejo régimen en vez de dedicación en la cocina del nuevo, se desgañitaron con aullidos para esconder su impericia para la creación de una armonía que organizara las nuevas voces, se conformaron con el ocio de la demolición para evitar la ardua labor de la arquitectura, al grito de guerra “¡Afuera!” se embriagaron de guillotinas ilusorias, como sans-culottes digitales bebiendo por fin la ponzoña de la revancha contra los estatócratas de un Versalles del subdesarrollo levantado sobre la miseria popular, parásitos que bien ganada tienen la repulsa de los que trabajan y producen. Así, el líder se hizo candidato, y detrás de él -o debajo-, se conformó a las apuradas una comparsa grotesca de cualunques aspirantes a cargos para los que no están preparados, con algunas honrosas excepciones de gente valiosa que va a rifar su buen nombre cuando la ignominia los alcance a todos.

The Manchurian Candidate

Entonces el candidato de La Libertad (me refiero al personaje, no a la persona) empezó a parecerse demasiado al Candidato de Manchuria, un Goldstein diseñado en el Ministerio de la Verdad con la maestría maquiavélica para la tergiversación que caracteriza a los inventores de la posverdad, que destruyeron toda noción de realidad, de objetividad, de imparcialidad, para implantar en las sociedades el culto a una subjetividad emocional, caprichosa, que destruye el conocimiento, aborrece la lógica y está haciendo involucionar a la humanidad a un estadio de infantilismo en el que es fácil de ser engañada y sometida. Los brujos del domo global de ninguna manera iban a permitir que un interno díscolo les revolucione y les dirija uno de sus manicomios, como ya había sucedido en Estados Unidos y Brasil, loqueros que rápidamente fueron reasignados a los sirvientes de la burocracia una vez sofocadas sendas aventuras de otros dos estrambóticos bajo cuyas exitosas administraciones el aquelarre no pudo dar rienda suelta a su malignidad y por cuatro años el mundo tuvo algo de paz. Quizás el plan que la geopolítica atroz asignó a nuestro país, escenario alejado de los focos de conflicto que en el otoño boreal tienen en vilo a la humanidad, sea el oasis de una “primavera liberal” efímera como la de Praga, solamente para que la sociedad escarmiente cuando este barco mal diseñado, mal construido, con materiales de tan mala calidad, se incruste contra cada iceberg que el mismo sistema ya tiene desplegado en un mar de lágrimas.

Y la nave va

En lo que a mí respecta, me acerqué de todas las formas que pude, di una mano cuando me la pidieron, modesta, no me deben a mí nada de lo que lograron, traté de ayudar en lo que creo que más puedo aportar, intenté crear una asociación de artistas, académicos, comunicadores, productores y técnicos de la cultura, a la que denominé “Arte y Pensamiento por la Libertad” (APL), para dar un respaldo a este proyecto desde un sector plagado de enemigos declarados, dediqué tiempo y trabajo a la redacción de un manifiesto, a la elaboración de un video de presentación y a la creación y administración de canales de difusión para esta iniciativa. No les interesó.

No me guardé críticas cuando debían ser dichas, en especial cuando se obró mal en el único ámbito en el que se podía constatar idoneidad por parte de los dos diputados del movimiento, a la postre integrantes de la fórmula presidencial. A estas críticas legítimas, por la incomprensible negativa a votar la declaración del 18 de julio de cada año como Día de Duelo Nacional, en homenaje a las víctimas del atentado terrorista perpetrado contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), se me respondió públicamente con falsedades y tergiversaciones. Recién salido de una operación de cáncer y a seis meses de otra, que me debilitaron mucho, en ese momento preferí no romper lanzas, archivar mi profunda decepción e incluso mi indignación, en pos de no poner palos en la rueda de lo que todavía me parecía un medio viable para llevar al poder algunos de los principios que yo sigo creyendo que deben guiar a un gobierno de y por el pueblo, teniendo siempre como contexto que las otras dos fuerzas que compiten por el mando del país son impúdicamente brazos ejecutores de la desgracia y la miseria pasada y presente de nuestra Patria, a la que asolaron con esa mezcla infame de indecencia e incompetencia. Todo lo que propuse, incluso mi asesoramiento ad honorem en el área de cultura, en el mejor de los casos cayó en un saco roto maleducado y, en el peor, tuve que aguantarme que caídos del catre que juegan a ser superhéroes con nombres de fantasía en una red social me hicieran escándalos, me injurien o me silencien. Se han escuchado inexplicables disparates, declaraciones absurdas y afrentas gratuitas que intentaron lavar con autoindulgencia apelando al cliché de la “frase desafortunada”, como si elucubrar sinsentidos tuviera algo que ver con la suerte. Se practicó el deporte de la negación reiterada de la realidad para no ver falencias propias y no prepararse para amenazas futuras, se ejercitó la ignorancia y el regodeo en la ignorancia como homenaje permanente a Dunning y Kruger, la prepotencia y una avidez malsana de poder bajan por esta pirámide desde un sector de la cúspide hasta una porción demasiado extendida de la base, un movimiento que tomó la forma de una secta, acorde a esta era sectaria en la que los humanos despojados de humanidad se agrupan en torno a tribus que reflotaron el pensamiento mágico y prohíben a sus adictos todo cuestionamiento, no ya al líder ni a la estructura, sino a toda forma de duda o de pensamiento propio que sofocan con obediencia. Una palabra fuera de libreto los aterroriza y los violenta. A fuerza de insistir, en general de un modo poco convincente, yo pretendí cambiar un signo de una época que es común a todas las sociedades del mundo, porque no son solamente ellos, en los demás espacios hay ejemplares iguales o peores. Los Farabutto que ofician de consejeros del rey lo embaucaron con prendas políticas imaginarias, lo hicieron salir al ruedo desnudo y la masa enceguecida odia al que lo señale. Se saben débiles e improvisados, por eso tratan de clausurar todas las ventanas con postigones y cerrojos, para que ninguna brisa les derrumbe su malhecho castillo de naipes, y así viven en la oscuridad que los salva de ver sus propios monstruos. Yo también pequé en todo este tiempo por soberbia y desconexión con la realidad, me creí capaz de mejorar este barco fantasma, pensé que mi mano también movía el timón y podía enderezar el rumbo.

Me hicieron saber de mil maneras que no me quieren en su fiesta, ya es hora de que me baje antes de que zarpen, a lo lejos los veré bailando en la cubierta cuando nos estrellen a todos bajo una nueva noche sin estrellas de nuestra oscura historia, porque ya no hay muelle donde quedar a salvo, yo también siempre fui y seré parte de su naufragio, y no habrá orquesta que siga tocando.

Maximiliano Luis Gerscovich

Manifiesto APL (Arte y Pensamiento por la Libertad)

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«No hay negocio más lucrativo que luchar por

derechos que ya se tienen, en nombre de

opresiones que no existen, con el dinero de

aquellos que se califica de opresores».

Thomas Sowell

Un yugo multicolor ensombrece al mundo, el sueño de un amanecer resplandeciente para la humanidad se hizo estrellas, como el monstruo hecho de ojos que es la noche de Chesterton. En el siglo XXI la demencia manda, la ignorancia enseña, la horripilancia desfila y la indecencia gobierna. Los pies en la tierra de la siembra fructífera ahora patalean en el aire de la inútil impostación digital, la manufactura de lo que hace bien dio lugar a la declamación de lo que queda bien, lo benefactor sucumbió a lo biempensante, las luminosas invenciones pergeñadas por la ciencia ficción del siglo pasado, quedaron congeladas en la imaginación de sus creadores y el futuro se hizo presente bajo la forma de las más sombrías profecías intuidas por no menos talentosos autores de distopías.

Vivimos bajo la égida ominosa de una dictadura global, malparida y malcriada por un nuevo progresismo que es la oscura perversión de la idea de progreso encendida en el siglo de las luces, una vuelta a un absolutismo astutamente travestido con los ropajes formales de la democracia, que niega la igualdad ante la ley y, alegando una igualdad motivada más por la hiel de la venganza que por las mieles de la equidad, reparte prerrogativas y abominaciones (tergiversadas como derechos) entre sus protegidos colectivizados en sectas, al tiempo que día a día conculca una libertad y persigue a todo individuo que no se someta a sus dictados; un gobierno de facto mundial, erigido sobre un laberinto kafkiano de interminables organismos internacionales y dependencias estatales, apalancado por no menos inacabables fuentes de financiación provistas por un neocapitalismo “woke” de multinacionales mono u oligopólicas, en especial las tecnológicas, una superestructura que tiene a su servicio en cada rincón del planeta a sus quintas columnas de políticos subordinados y sobornados para promulgar leyes concebidas con el fin de transformar a los Estados en nuevas colonias ideológicas, satrapías envilecidas por orgas y fundaciones maquilladas con el rubor de las causas nobles para ocultar sus monstruosos rostros desfigurados por el poder demencial que las embriaga; una tiranía degenerada cuyas depravaciones fueron inyectadas en las masas desde hace décadas a través de antiguos medios de comunicación e información hoy ya devenidos definitivamente en usinas de adoctrinamiento y manipulación, mediante la cooptación del sistema educativo convertido por los intelectuales orgánicos en una factoría de autómatas ignorantes que sólo saben repetir slogans, y con la conquista de la hegemonía absoluta sobre las industrias culturales y del entretenimiento, que dejaron de producir arte para confeccionar piezas publicitarias de aleccionamiento buenista protagonizadas por lacayos cuyo único talento es la obsecuencia más denigrante que hemos visto desde la abolición de la esclavitud.

Nuestro país, dentro del mundo hispanohablante, ha sido especialmente subyugado por el régimen, la bota helada de esta maquinaria siniestra aplasta sin respiro a la sociedad argentina, agobiada por penurias económicas que la obligan a destinar todas sus energías a la ardua labor cotidiana de la supervivencia, de modo tal que hasta el día de hoy no ha contado con los anticuerpos culturales necesarios para oponer una inmunidad efectiva a la ponzoña gramsciana, ni las armas indispensables para entablar una resistencia firme y sostenida ante los ataques sistemáticos de la intelligentsia del progresoviet, en especial los que tienen por fin: 1) la destrucción de la Nación como máxima expresión del bien común y reserva de la tradición, el conocimiento y los valores heredados por generaciones, 2) la deformación de la familia como primera red social, y 3) la enajenación del individuo entendido como sujeto independiente y libre de toda forma de colectivización artificial y coercitiva. Por el contrario, el globalismo intenta borrar todo rastro de pertenencia de los pueblos a sus patrias, que es la verdadera diversidad, para reemplazarlas por la escenografía multiculturalista pintarrajeada de un colorido kitsch entre la que deambula la muchedumbre gris, uniforme, obediente. Ese prefabricado pastiche universalista no nos hizo ciudadanos del mundo, nos hizo parias en nuestra propia tierra. A diario asistimos al teatro del espanto en el que se intensifica y se amplía la intromisión del aparato de vigilancia digital en la vida personal, se deforma el idioma para manipular el lenguaje y así dirigir el pensamiento, se multiplican y se replican las inquisiciones en los medios aglutinados en una uniformidad tan agobiante como la de sus consumidores. Sin embargo todo  aquello, que es el corazón de esta autocracia, es escondido bajo un enjambre de eufemismos que suavizan y, en algunos casos, diluyen sus reales implicancias: al linchamiento virtual seguido del ostracismo social y laboral se lo llama “cancelación”, al asesinato del ser humano en gestación se lo denomina cínicamente “interrupción voluntaria del embarazo”, omitiendo de la fórmula al sujeto que es exterminado, que deja de tener entidad, ya no sólo humana sino ontológica, de modo que hacerlo desaparecer no implique costo moral o de consciencia alguno. En la primera mitad del siglo XX, Huxley y Orwell anticiparon en sus ficciones distópicas la actual sociedad global, paradójicamente disgregada y al mismo tiempo agarrada en un puño por un poder omnímodo sostenido en la tergiversación como arma de destrucción masiva del sentido de verdad que, ya entrada la tercera década del nuevo milenio, domina a sus anchas casi la totalidad de la experiencia humana, acorralada en el panóptico de la mentira. La vigilia es una pesadilla recurrente. No hay gente más profundamente adormecida que la que se autopercibe despertada por el beso progresista.

Frente a este oscurantismo moral, intelectual, estético, pero más que nada espiritual, nos hemos reunido y asociado un grupo de artistas, pensadores, académicos, comunicadores, productores y técnicos de la cultura de la República Argentina, para encender una nueva luz en esta era crepuscular, constituirnos en un bloque de resistencia, una verdadera división de combate para librar y ganar la batalla cultural como parte de una conflagración que también abarca la arena política, la acción directa en la virtualidad y en el territorio, en las pantallas y en las calles, en audios y auditorios, en las redes personales y sociales, en la teoría más rigurosa y en la praxis más comprometida.

Nuestra misión es descabezar a la Hidra de Lerna que es el progresismo posmarxista en cada una de sus excrecencias, desde toda forma de colectivismo a cualquier expresión del totalitarismo, del feminismo misándrico a la perturbada ideología de género, desde el ambientalismo misántropo al segregacionismo racial o sexual que predican y practican los que en su cómoda actualidad reclaman la herencia de los verdaderamente segregados. Cada uno de nosotros viene enfrentando desde hace años al aparato de sojuzgamiento y propaganda de la ideología oficial de las élites y sus estructuras burocráticas estatales, paraestatales y supranacionales; desde APL ahora también lo haremos con el respaldo organizado de aquellos con quienes compartimos trinchera en esta batalla. Se acordará entre los asociados una línea de acción programática para una asidua colaboración en la labor de divulgación, pronunciamiento, asesoría y acción política, más una activa y diaria tarea de comunicación, formación de opinión y debate en redes y medios.

Nuestra visión es la de obrar como galvanizador para la gesta emancipatoria de nuestro pueblo, que será el protagonista de su liberación de los grilletes de la humillación a la que viene siendo sometido por el poder global, una nueva independencia fogoneada tanto por un liderazgo político valiente e idóneo, que contará con toda nuestra lealtad, como por una militancia luchadora a la que nos sumaremos con total entrega, para refundar la civilización, para recuperar nuestra soberanía, para levantar con orgullo la bandera de los valores que nos hicieron una tierra de esperanza, y construir sobre las ruinas de un mundo decadente, enfermo y enloquecido por el conflicto permanente, el futuro de paz y prosperidad que se merece la gente decente.

Seamos libres, seamos dignos, coronados de gloria vivamos.

Maximiliano Gerscovich

Enero 2023

Jano

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El artista de genio, profundo, innovador, conmovedor, el artista original y revolucionario, el creador y el recreador, el que fue a la vez elevado y popular, sofisticado y masivo, único y multiplicado en emulaciones, el que pobló el mundo de seres hermosos llenando sus almas con músicas y poesías susurradas por la belleza íntima de la divinidad, el niño abandonado, el adolescente herido para siempre por la tragedia, el joven descarado y ocurrente, el hombre, por fin, hecho padre; el que nunca dejará de hacer el bien con su obra luminosa.

El político, el propagandista títere de las élites acomodadas del comunismo caviar, el redactor de panfletos torpes y carteles pueriles, el hipócrita que mandaba a los demás a imaginar un mundo sin posesiones mientras veía pasar la campiña inglesa a través de la ventanilla de su Rolls-Royce maquillado de psicodelia, el pacifista impostado que veía guerra sólo en Vietnam y se calló ante los tanques soviéticos en Praga o los fusilamientos de maestros de escuela en la revolución cultural maoísta; el que sigue siendo utilizado por la oscuridad para hacer el mal detrás del marketing del amor.

Cada 8 de diciembre extraño al primero.

John Winston Lennon (1940-1980)

RIP

La historieta canónica argentina

Prefacio: un intento fallido

En una de sus primeras escaramuzas en la batalla cultural, a poco de apoltronarse en el poder a comienzos de siglo, el kirchnerismo intentó canonizar a El Eternauta como la historieta nacional argentina, incluso llegó al paroxismo de crear un derivado involuntariamente autoparódico, denominado “Nestornauta”, que se desvaneció en su propio ridículo. Había varias razones para que la intelligentsia cultural K eligiera esa historieta, veamos brevemente algunas, antes de proponer la obra que sin mediación burocrática sí alcanzo ese status de ícono.

El Eternauta tuvo dos versiones: la primera, dibujada por un eximio artesano de la historieta clásica como lo fue Francisco Solano López, publicada entre 1957 y 1959 por la revista Hora Cero Semanal, a la que le siguieron varias secuelas no tan logradas ni famosas como la original. La segunda versión, publicada una década más tarde en la Revista Gente, fue ilustrada por Alberto Breccia, cuyo genio desbordó los límites del formato tradicional y llevó su obra al plano del más brillante arte plástico, agregando a su magistral pluma para el dibujo ciertas técnicas de collage y fotomontaje con las que experimentaba la vanguardia pictórica de los años sesenta, en especial algunos trabajos en blanco y negro de Jorge de la Vega, el más talentoso exponente de la Nueva Figuración. Sin embargo, la jerarquía intelectual que forjó su alianza con un débil presidente (recordemos, electo por apenas un quinto de los electores) en un inesperado sainete de descuelgue de cuadros, no tenía el menor interés en las cualidades y calidades visuales de ninguna de las versiones de El Eternauta, sino en el nombre e historia personal de su creador y autor del guion: Héctor Germán Oesterheld, integrante junto a sus hijas del ejército de guerrilla y terrorismo urbano Montoneros, a la postre desaparecido también junto a ellas. Volver a la vida pública el apellido Oesterheld era una tentación para las cabezas a cargo del naciente relato sobre los años de plomo, que sería impuesto a punta de fusil cultural en currículas, medios de comunicación tanto estatales como privados dependientes de la pauta oficial y en las industrias [anti]culturales, muy especialmente el cine subsidiado. También tuvo su incidencia la historia que desarrolla Oesterheld en su obra cumbre: un grupo de hombres suburbanos, de un país periférico, emprenden la resistencia a una invasión extraterrestre que cuenta con el colaboracionismo de los países centrales, una epopeya antimperialista no alineada de lucha de clases en clave de ciencia ficción. Pese a la movilización del aparato de propaganda el relato no prendió en el imaginario de un país ajeno en tiempo y espacio a la dialéctica del marxismo-leninismo futurístico pergeñada por Oesterheld en la Argentina de los sesenta, y El Eternauta prosiguió su viaje quijotesco por el tiempo.

Ascenso y consagración de la viñeta nacional

Unos años antes de la publicación de la versión de Breccia de El Eternauta, aparece en Argentina una obra también publicada en capítulos, más cercana al humor gráfico que al formato historietístico, titulada con un nombre propio femenino: Mafalda. Nada más lejos de la cofradía masculina guerrera de El Eternauta, heredera del western y de la épica novelística decimonónica, que el exótico y entrañable nombre de una nena, mucho más afín a una sociedad que comenzaba a feminizarse e infantilizarse. Joaquín Lavado, apodado Quino, se convertiría en el autor de la obra gráfica que esa sociedad, orgánicamente y sin presión de maquinarias de propaganda, consagraría como canon cultural nacional.

Elaborada con destreza en tinta china negra sobre papel blanco, Mafalda recrea el mundo cotidiano de los argentinos en un tono de amable caricatura, más digerible para la biempensante clase media que los posteriores personajes políticamente incorrectos de otro brillante dibujante y guionista mucho más osado y original que Quino, como lo fue el rosarino Roberto Fontanarrosa. El trazo en Mafalda es sinuoso y seguro, las formas y los contornos están en armonioso equilibro, los rostros son reconociblemente geométricos y a la vez muy expresivos, los movimientos son ágiles; es una historieta muy bien diseñada y realizada en su faz visual. Pero no fue esto lo que el público valoró al momento de encumbrarla. Fue su guion, los personajes y, más específicamente, el trato que su creador les dispensa, ahí reside el núcleo del éxito de Mafalda y hacia allí nos vamos a dirigir en esta disección, desbrozando ese elenco en dos categorías: los personajes cariñosamente queridos por su creador, y los impiadosamente odiados.

Los queridos

Sin sorpresa entendemos, ya desde su título, que la más querida e importante es Mafalda. Hay que hacer en este punto una digresión fundamental: los personajes de la tira tienen un anclaje en la realidad, pero son simbólicos, representan algo (o a alguien), Quino los utiliza menos para retratar individuos que para colectivizar miradas del mundo, características antropológicas, el personaje en Mafalda es la condensación de muchos en uno, por eso hay que leerlos no como construcciones individuales sino sociales y, por ende, políticas. Partiendo de esa hipótesis, Quino da vida no a una niña, sino a un concepto. En efecto, Mafalda no intenta ser humana, sus ideas, su retórica, sus definiciones y sus conclusiones (porque suele ser el personaje que da “remate” a cada episodio) no son los de la infancia sino un enjambre bien articulado del mundo adulto, hay un evidente deseo del autor: que ese mundo sea como Mafalda, que piense como Mafalda y que obre en consecuencia. Entonces, ¿Cómo es Mafalda y cómo debería ser el mundo para Quino? Mafalda es la conciencia de la humanidad, Mafalda es un superyó utópico, Mafalda es el ethos declamado por el logos aspiracional de la clase media progre, Mafalda es analítica y aguda, profunda y verborrágica, ocurrente y humanitaria.

No obstante lo anterior, hay un personaje secundario al que Quino adora, porque es la summa de todo lo que esa clase media apocada sueña con ser y no se anima, la revolucionaria parida al calor del juvenil Mayo parisino del ‘68, la hija impensada, cruzando el Atlántico, de Woodstock y Cuba, bautizada, no sin boutade antitética, como “Libertad”, la idea rectora de la burguesía de otra revolución, también francesa, pero de dos siglos atrás, que subsiguientemente toda forma de socialismo repudió y aniquiló en pos de otro de sus tres lemas, irrealizable por su naturaleza irreductiblemente conceptual. Así, era muy burdo -además de gramaticalmente incorrecto por no tratarse de un nombre propio- llamar “Igualdad” a ese Che Guevara miniaturizado y, una vez más, feminizado. Libertad dice todo lo que un progre quiere decir y no se atreve, y lo hace también del modo en que al progre le gustaría por fin escupirlo: con violencia.

Quino extiende su manto de piedad sobre dos personajes con los que uno intuye que al autor le proveen sus momentos de mayor diversión: el abnegado viajante de la fantasía, Felipito, y el  candorosamente absurdo Miguelito, dos fragmentos reivindicables de aquella clase media timorata, como lo son la imaginación (propuesta para la toma del poder también en el Mayo francés) y la inocencia, características tanto individuales como colectivas que el lector disfruta y agradece porque dan respiro a las monsergas por momentos agobiantes de Mafalda y Libertad, endulzan esa solemnidad tan declamativa en la que la tira no puede evitar caer recurrentemente en su afán de denuncia social y política. Felipe y Miguel son los dos niños más parecidos a los niños, son el recreo de la clase.

Los odiados

Quino detesta a los personajes de su obra que trabajan, los detesta y los desprecia. Manolito es el hijo de un comerciante, inmigrante español, ayuda a su padre en el almacén de barrio, no llega a ser ni siquiera un burgués, no tiene la propiedad de ningún medio de producción, no explota a nadie, no le quita la inexistente plusvalía a ningún proletario, pero trabajar y comerciar, vender y consumir, es pecaminoso, para Quino y para el progresismo que fundó su dogma en el anatema cacareado –jamás llevado a la práctica- contra el poderoso señor don dinero. Quino se da el lujo de ser extremadamente cruel con Manolito, lo rebaja intelectualmente, lo humilla moralmente y lo castiga físicamente, porque además de ser un niño trabajador, padece los escarmientos corporales que le propina su padre padrone, que lo faja a cinturonazos. Ni esa innegable condición de víctima ablanda el juicio y la condena con la que el autor fulmina al personaje más digno que tiene su propia obra.

Otro de los despreciables es el papá de Mafalda, un empleado gris de oficina, que sólo pretende darse algún gusto como recompensa por esa labor desteñida, comprándose un autito elemental de la época y llevando a la familia a veranear unos días a un balneario de masas. Su esposa, una ama de casa también sojuzgada por su destino patético, es reducida, con un poco más de ternura por su creador, al mero padecimiento del devenir diario. Ninguno de los progenitores entiende a su hija porque están abocados a la miserable tarea de sobrevivir y cuidar a su familia, no les interesa ni Vietnam ni la China de Mao, que una y otra vez –en especial la “gesta” del Vietcong- protagonizan la verba mafaldiana, porque son dos argentinos preocupados porque el sueldo le gane a la inflación y poder comprar el pan en el almacén de Manolito, no tienen el vuelo de Mafalda porque tienen que pisar una tierra pantanosa para salir adelante en un país en el que ser realista es trabajar, no pedir lo imposible, como pintarrajearon los nenes bien parisinos con tiempo de sobra para deglutir a Marcuse. Para completar el vulgar cerco familiar que se cierne sobre la excepcional Mafalda, aparece un hermanito, Guille, un bebé ya crecido, caprichoso, berrinchero, que no lo salva ni pronunciar las “eses” como “zetas”, el único rasgo querible que Quino dispensa a uno de sus odiados. Guille le es muy útil al autor para cumplir con más plausibilidad y efecto cómico, dada su edad, el papel de no comprender nada de lo que proclama la reserva moral de Occidente encarnada en una niña. Mafalda es, esencialmente, la voz de una utopía tan elevada que tiene que ser incomprendida en un mundo protocapitalista de almacenes pobres atendidos por niños maltratados por su progenitor, sea el personaje paterno- también hecho de tinta- o su verdadero hacedor, un hombre no menos cruel para con sus propias criaturas, en las antípodas del mago soñador y soñado de Las Ruinas Circulares. En esa crueldad, compartida con el lector cómplice, para con los que no aspiran los efluvios inalcanzables de la utopía, reside la consagración de Mafalda como ícono cultural de una sociedad que hereda de generación en generación, como una maldición autoimpuesta, ese apego malsano a un idealismo adolescente e inútil, que la atrasa, la empobrece, la afea, que la embriaga de una moral tan narcisista como falluta, pero estéticamente triunfante, con la que justifica su miseria.

Finalmente, llegamos a la cumbre de la furia de Quino, el personaje que hace espejo con Libertad, ambas rubias y siempre vestidas de negro. Las dos dicen lo que no se puede decir, la diferencia radica en que los ladridos de Libertad son todo lo bueno de lo indecible, en cambio, las invectivas venenosas de Susanita son todo lo que también la clase media progre sabe, pero calla, por ejemplo, que en las cenas de beneficencia se comen canapés para recaudar polenta. Eso no se dice. Susanita es racista y, sobre todo, clasista, no se lleva bien con Manolito, pero su desdén está fundado en las antípodas del de Quino, porque para el medio pelo porteño con imaginarias ínfulas patricias, el comerciante es un siervo. Como su contraparte progre, reduce la compraventa de bienes y servicios a lo más rudimentario del intercambio social y a sus proveedores los ubica en los cimientos de la superestructura cultural, porque hay un fantasma que sobrevuela la historieta Mafalda, uno que clamó por la unión de los proletarios sin haber sido jamás uno de ellos, aquel que, como Quino, diagramó una historia con leyes inmutables en la que nunca se desplomó una cortina de hierro ni fue demolido a martillazos un muro, alguien cuyo nombre no se dice, a menos que seamos Libertad.  

Crimen y relato

Lo que fue presentado como una marcha de familiares de víctimas de la violencia, no fue otra cosa que una prueba más del poder de movilización de masas de la nueva izquierda, esta vez camaleonizada de ciudadanía cualunque, un entramado de fuerzas políticas, financieras y mediáticas de escala global que una vez más utiliza una muerte para montar un espectáculo de propaganda con la narrativa idiosincrática que ya está clavada en la médula cultural de una sociedad automatizada por el adoctrinamiento escolar, la reescritura de la historia y la salmodia ad nauseam de una liturgia propia de las sectas: la figura canónica de la madre humilde a la que fuerzas malignas paridas por imperio del capital y la abundancia le arrebatan un hijo joven.

De este relato exportado ya al plano universal, que fue y sigue siendo de uso intensivo desde la Plaza de Mayo de Buenos Aires hasta Gaza, todos los sectores vinculados al neomarxismo sacaron su rédito: el nazismo de género, conforme lo dicta su ideología supremacista de odio existencial, atribuyó el crimen a la masculinidad, el marxismo más clásico reflotó la lucha de clases, no faltó el psicólogo colectivista piscópata que culpó a toda la sociedad. Vivimos dominados por un régimen político-audiovisual omnipresente, la distopía profetizada por Orwell en ‘1984’, que no pierde una sola oportunidad para fogonear enemistad entre los ciudadanos remachando obsesivamente sobre las diferencias, ya que es su objetivo conformar sociedades aplanadas por el martillo estatal de la mediocridad en las que los individuos se disuelvan en un mar gris de pobreza y sometimiento, con el agravante repulsivo de que las lacras sin escrúpulos que comandan este sistema siniestro captan a los familiares cuando todavía están en shock y los usan como combustible para su agenda de conflicto permanente, lo hicieron con los familiares de AMIA y Once, a los que dividieron, con la complicidad del aparato de propaganda que monopoliza en bloque el espacio y el tiempo de la comunicación masiva.

Sólo cabe esperar que este estado de cosas se profundice, el poder de esta nueva dictadura global es inagotable.

Las industrias del embrutecimiento de masas

1. Propaganda
Cuando las industrias culturales producían artistas de verdad, éstos tenían libertad (equivocados o no) para adherir a las causas que consideraban justas. En el siglo XXI, una era distópica de control global, ideología hegemónica, pensamiento dominante y discurso único, el aparato del entretenimiento, brazo de propaganda fundamental de esta nueva dictadura mundial, tiene como principal modelo de negocio el lavado de dinero negro, de modo tal que dedica sus pocos recursos de difusión a personajes de décima que no saben hacer otra cosa que obedecer los dictados de estas usinas de adoctrinamiento de masas al servicio de la agenda neomarxista de género, por eso los van a ver desfilando en cuanta puesta en escena patética se organice en función de bajar línea a la gente todos los días con panfletos mediáticos de baja estofa, acordes al nivel de los parásitos que los venden. La decadencia, la falta de talento, la idiotez y el mal gusto de los productos que venden las industrias culturales en el siglo XXI no tiene correlato con ninguna época de la historia humana, nunca hemos visto tal cantidad de basura al servicio de una agenda tan baja y degenerada.

2. Negocio
Las industrias del entretenimiento siguen en pie en el siglo XXI porque se han transformado en grandes lavaderos de dinero sucio, hace rato que colapsaron todos los modelos de negocio que funcionaron bien en el siglo XX porque se basaban en un espectador/cliente que compraba el producto, para eso había cines y teatros de dos y tres mil butacas, las disquerías y librerías eran gigantescas y estaban llenas a toda hora, los diarios y revistas tenían tirajes de cientos de miles de ejemplares, los programas de TV hacían decenas de puntos de rating, hoy todo eso no existe, fue reemplazado por la industria del espectador fantasma, del ticket cortado por el productor y el medio que cobra sobres para hacer campañas, todo ésto terminará de eclosionar cuando se popularice la realidad virtual, es por eso que se demora tanto la reconfiguración a VR de todas esas industrias moribundas, que, además, les saldrá una fortuna en inversión, todavía están queriendo recuperar la reconconversión de la infraestructura standard a la digital HD, 2k y 4K.

3. La muerte del artista, la muerte de las artes
La música popular actual es paupérrima, entre otras razones, porque carece de melodías creativas y originales, los temas son producidos en los laboratorios de los sellos, pergeñados por rejuntes de productores e interpretados por cantantes mediocres y sin personalidad que no tienen ninguna relación ni emocional ni intelectual con la música. En el mainstream ya no hay autores, no hay artistas. En el siglo XX se crearon clásicos de la música, la literatura, la plástica y el cine porque fue una era que ponderaba la libertad, todo lo contrario a lo que sucede hoy, las industrias culturales fabrican productos de marketing ideológico que nos dice lo que podemos o no podemos pensar, decir y hacer.

Marilina Bertoldi, tras ganar el Gardel de Oro: «El rock hecho por hombres murió hace años»

La decadente y moribunda industria de la música, fiel a su condición de fábrica de basura financiada con dinero mal habido, premia una y otra vez a lo peor de la producción pseudomusical, un show de la mediocridad, la idiotez, la falta de talento y la militancia de las peores lacras humanas y políticas. Si tu mayor mérito es ser lesbiana no recibas un premio de música, recibí un premio a la homosexualidad. Sí, el rock murió, el buen rock, el que fue hecho por hombres y también por mujeres como Tina Turner, que tenían talento, algo que vos jamás vas a tener, no sos nada rebelde, al contrario, te dieron un premio por ser lo más políticamente correcto que hay, por ser un peón de una dictadura cultural, por ser el role model, el arquetipo de mujer antifemenina odiahombres que promueven los grandes centros de poder global, la política, los grandes medios devenidos en usinas de propaganda y adoctrinamiento de masas y disciplinamiento social, vos no hacés rock, vos hacés lo que el régimen quiere que hagas, vos obedecés.

Megacorporaciones globales, publicidad, neomarxismo cultural y nazismo de género

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Las grandes corporaciones siguen erosionando su credibilidad y su imagen, siguen destruyendo su mercado objetivo, y siguen dilapidando fortunas en panfletos feministas que cosechan el rechazo del público y hunden sus balances contables. El capitalismo corporativo del siglo XXI no obedece a las leyes del mercado, la competencia, ni los modelos de negocios, es un sistema infectado por el virus más letal del neomarxismo cultural que es este nuevo nazismo, el de género. Quienes hoy conducen los destinos de estas compañías, desde CEOs a gerentes de marketing, son peones de una oligarquía global y operan dentro de esas megaempresas utilizando sus recursos como plataforma de propaganda de la agenda ideológica de esta nueva casta mundial. Hasta que no hagan quebrar a la primera de esas compañías, este estado de demencia corporativa va continuar.

Controversial Dhvani billboard in Times Square shows Trump hogtied
Otro ejemplo de una mega corporación transformada en un órgano de propaganda de la agenda neomarxista y su brazo armado nazi de género. Saben lo que cuesta un cartel en pleno Times Square en NYC? Millones. La oligarquía global, la nueva izquierda que gobierna de facto le mundo, cuenta con recursos interminables para hacer campañas de intimidación, esta distopía que rige el planeta puede darse el lujo de dilapidar fortunas en panfletos, porque tienen esbirros controlando las grandes compañías del mundo.
El CEO de esta empresa declaró: ‘We are on the right side of history’ (estamos del lado correcto de la historia), dejando claro que no venden productos, no hacen branding, utilizan las marcas multimillonarias para bajar línea y amenazar a la sociedad, la humanidad nunca conoció una dictadura tan extensa como lo es esta nueva tiranía plutocrática.

Scandinavian Airlines retira publicidad tras críticas
Lo venimos comentando hace tiempo, el inexplicable fenómeno de las grandes compañías que producen spots de publicidad agrediendo a sus propios clientes, compañías infectadas de neomarxismo cultural, en especial de nazismo de género, que no dudan en dilapidar sus recursos económicos en campañas que, lejos de vender sus productos, lo que hacen es deslegitimar la marca (un anti-branding), bastardear su historia y cuyo único objetivo es bajar línea de alguno de los capítulos de la agenda de la nueva izquierda global, y nos preguntábamos hasta cuándo iba a durar algo tan delirante y reñido con los fundamentos más elementales del capitalismo.
Aparentemente se habría dado este punto de inflexión y, como no podía ser de otra manera, es una compañía escandinava la que enfrenta un serio riesgo de quiebra por una publicidad de neto contenido multiculturalista como lo entiende le neomarxismo, esto es, atacar e incluso negar a toda forma de cultura occidental. Frente a la considerable posibilidad de tener que cerrar, los directivos de esa compañía levantaron la publicidad no sin antes reivindicar su contenido. Lo volvemos a decir: hasta que una de estas corporaciones globales infectadas de zurdos y feminazis no quiebre, seguiremos viendo panfletos producidos con millones de dólares provenientes de las arcas de estos megaemporios.

Dove: tu pelo, tu elección
Otra corporación que cree que atacando a los hombres (heterosexuales, no a los gays como el travesti que aparece en el spot) y ensalzando a las lesbianas va a mejorar sus ventas, evidentemente el marketing de las grandes compañías ya no tiene como objetivo vender sino contribuir a la propaganda de la agenda neomarxista LGBT, la dictadura distópica del siglo XXI.
Lo llamativo es que Dove paga un espacio publicitario en Fox Sports, en la transmisión de las finales del fútbol americano, cuyo público es precisamente masculino y heterosexual. La conclusión es que no se trata de una publicidad sino de un mensaje político-mafioso cuyo subtexto es: «El poder global ahora es nuestro, las minorías y las mujeres controlan el mundo en el que vivís, ojo con lo que pensás, decís y hacés».

Apuntes sobre el nazismo de género del siglo XXI

Sólo las ideologías supremacistas de odio existencial practican el segregacionismo. Durante el III Reich los sitios a los que no dejaban ingresar a los judíos se llamaban «Judenfrei» (en alemán: «libre de judíos»). De la misma manera procede el nazismo del siglo XXI, el de género, el nazismo hembrista misándrico, con la diferencia de que en la Alemania nazi la persecución y la segregación antisemita eran declaradas abiertamente por el Estado en todos sus medios de propaganda, mientras que los medios de desinformación adictos a la secta feminazi ocultan la barrabasadas segregacionistas que viene implementando desde hace años esta dictadura travestida de igualdad y derechos, imponiendo leyes inconstitucionales que vulneran el principio de igualdad ante la ley o con esta clase de manifestaciones de odio que son toleradas, justificadas mediante mentiras, falacias y tergiversaciones y, en muchos casos, celebradas por los esbirros mediáticos de este régimen de escala global.

La «deconstrucción» del hombre, la «desmasculinización» que promueve el nazismo de género, es la versión en el siglo XXI del programa hitleriano de «desjudaización» de Alemania, Europa y el mundo, porque tanto el nazismo antisemita como el feminismo hembrista misándrico son ideologías con la misma matriz supremacista de odio existencial, según la cual hay una clase de ser humano que es existencialmente mala e inferior, que debe ser sojuzgada, transformada y eventualmente exterminada por la clase de ser humano superior.

El III Reich obligaba a todo funcionario del Estado a ser nazi, lo mismo intenta hacer el nuevo nazismo del siglo XXI, en la misma línea opera el Estado argentino cuando aplica la llamada «ley MIcaela», una normativa fascista que impone a todo funcionario la obligación de militar la ideología oficial: el nazismo de género.

«La idea de que todos los individuos son iguales ante la ley y que el Estado los tiene que tratar con imparcialidad no nos interesa a las feministas»
Rosa Cobo Bedía, teórica feminista española, profesora titular de Sociología de Género de la Universidad de La Coruña, directora del Centro de Estudios de Género de la misma universidad.

Ésto es la definición de libro de una ideología supremacista de odio existencial, puede aplicarse tanto al nazismo antisemita del III Reich y al segregacionsimo racial como al nazismo de género del siglo XXI, ya que comparten la misma matriz totalitaria en la que cierta clase de ser humano, definido como inferior por su naturaleza, debe subordinarse a otra definida como superior que controla el poder coercitivo del Estado utilizado como medio para el sojuzgamniento de una clase sobre la otra.

Ésto, y no otra cosa, es lo que se celebra el #8M, la llegada al poder en todo Occidente de la secta hembrista misándrica financiada y controlada por la oligarquía neomarxista global, dueña de las organizaciones supranacionales, las estructuras burocráticas de los Estados, la abrumadora mayoría de los partidos políticos, medios masivos, industrias culturales y centros de adoctrinamiento del sistema educativo.

Qué es una ideología supremacista de odio existencial?
Es aquella en la que quien la milita se autopercibe moralmente superior a otra clase de individuo que por pertenecer a un determinado conjunto humano es automáticamente demonizado, es decir, su propia existencia lo criminaliza. Esta clase de ideologías, se fundan en un libelo, en un relato prefabricado a base de mentiras, tergiversaciones y falacias que son utilizadas para probar que el conjunto humano superior es injustamente oprimido por conjunto inferior, y eso le da derecho a utilizar el poder coercitivo del Estado para dar vuelta esa dialéctica opresiva inexistente, de modo tal de hacerse con el poder y someter al conjunto humano existencialmente odiado. Todas estas ideologías tuvieron el formato de secta, con rígidos sistemas de dogmas, lemas y slogans repetidos ad nauseam, captaron a sujetos frustrados a los que se les dio la oportunidad de hacer catarsis depositando la culpa de sus fracasos individuales en un conjunto humano, el existencialmente malvado, el opresor, o en una entelequia como la «sinarquía internacional» o «el patriarcado»
Éso fue el nazismo antisemita del siglo XX, ésto es el nazismo de género del siglo XXI.

Texto de «Las brujas del mar», página feminista de Facebook:

¿Cuál es el lugar de un hombre en el feminismo?
La respuesta siempre será: Desde su trinchera.

¿Que los hombres también necesitan entender y luchar desde el feminismo? Cierto, pero no los necesitamos en nuestros espacios, necesitamos que tomen sus espacios y los hagan feministas. Necesitamos que señalen a los agresores, los chistes misóginos, los que rolan los packs, los jefes que pagan menos a las mujeres o no les dan puestos directivos, que luchen por la equidad desde su privilegio. Los hombres también tienen mucha chamba por hacer, sí, pero de nada sirve ir a pararse en una manifestación feminista si no se trabaja en poner sobre la mesa sus masculinidades, cuestionárselas y reconstruirlas. Ahí está su lugar.

Traducción del nazismo del siglo XXI (el de género, el que odia al hombre) al nazismo del siglo XX (el antisemita, el que odia al judío).

«¿Cuál es el lugar de un judío en el nacionalsocialismo?
La respuesta siempre será: Desde su trinchera.

¿Que los judíos también necesitan entender y luchar desde el nacionalsocialismo? Cierto, pero no los necesitamos en nuestros espacios, necesitamos que tomen sus espacios y los hagan nacionalsocialistas. Necesitamos que señalen a los usureros, los chistes antialemanes, los que rolan los packs, los jefes que pagan menos a los arios o no les dan puestos directivos, que luchen por la equidad desde su privilegio. Los judíos también tienen mucha chamba por hacer, sí, pero de nada sirve ir a pararse en una manifestación nacional socialista si no se trabaja en poner sobre la mesa sus raíces judías, cuestionárselas y reconstruirlas. Ahí está su lugar.»

La propaganda marxista se ha caracterizado desde siempre por sembrar el terror en su potencial consumidor, antes se echaba mano del miedo a las hambrunas, en la actualidad, a falta de carestía, la manipulación psicopática está enfocada en inocular esquizofrenia paranoide en las mujeres, especialmente las más jóvenes, para que vivan en un constante clima ominoso de peligro inminente, por supuesto siempre por acción u omisión del hombre heterosexual; el otro gran campo de psicoterrorismo es el de la ecología, que promueve el odio al desarrollo y la prosperidad, en este caso el hombre es culpable de acosar, violar y asesinar a la madre naturaleza, al planeta entero.
Cuál es el objetivo de esta estrategia de sembrar terror? Que el sujeto se paralice, se autoperciba inevitablemente víctima, y haga catarsis de sus miedos aceptando la protección, al mejor estilo mafioso, del Estado y de la casta de burócratas marxistas que lo manejan. Un sistema de control social basado en el terror nunca es abandonado por quienes creen ser protegidos por ese sistema, aunque la amenaza que ellos sienten sobre sus cabezas sea una espada de Damocles inexistente creada para ese fin por los mismos que luego ofrecen sus servicios de protección.

Natalie Portman fue a la entrega de los Oscars con una capa que tenía insertados los nombres de las directoras que no fueron nominadas, en los últimos 5 años eligió actuar en proyectos dirigidos por hombres y con la única directora mujer que trabajó fue… ELLA MISMA.
El chiste involuntario de esta femidiota se llama: «Nazismo de género y narcisismo».

Sobre una nota titulada «Los niños también pueden ser princesas»
La feminización de los niños y adolescentes varones es un objetivo concreto del nazismo de género, como lo fue la «desjudaización» de Alemania para el nazismo hitleriano.
Todos los días esta ideología supremacista de odio existencial da pruebas de su matriz nazi y utiliza los medios para avanzar en su agenda de ingeniería social a escala global, mientras una sociedad idiotizada y agobiada por la propaganda, lo permite fingiendo que no es tan grave.

Sobre una nota de Clarín titulada «Amuletos, hechizos y rituales de una Escuela de Brujas Feministas» para nenas
Más adoctrinamiento infantil por parte del nazismo de género, como toda ideología totalitaria inocula su veneno de odio a los niños a la edad más temprana posible. Los padres que lleven a sus hijas a esta aberración deberían perder la patria potestad y las psicópatas a cargo de esta monstruosidad deberían ser procesadas por abuso infantil.

Sobre una nota de Infobae: «Adiós a las reinas: el carnaval argentino que decidió terminar con los estereotipos de belleza después de 130 años»
Uno de los principales objetivos del neomarxismo cultural es destruir dos paradigmas fundamentales de la civilización: la verdad y la belleza, desde hace un siglo (puntualmente desde el nefasto «readymade» de Marcel Duchamp) han dinamitado el arte y la estética, como campo de estudio, y desde hace pocos años se han enfocado en aniquilar la belleza femenina, sueño de las resentidas que conforman el material humano reclutado por el nazismo de género.

El documental de Taylor Swift «Miss Americana» es al nazismo de género del siglo XXI lo que los documentales de Leni Riefenstahl al nazismo hitleriano del siglo XX, pero sin un solo fotograma de talento. 

Sobre una nota de Daily Wire: District Attorney In Maine Wants To Start Prosecuting People Based On Accusations And Nothing Else
El fin del Estado de Derecho, el fin de la igualdad ante la ley, el fin de las garantías procesales, el fin del juicio justo, el fin de los derechos civiles, el fin de la República.
Así comienzan todas las dictaduras, la tiranía nazi de género de matriz neomarxista del siglo XXI no es la excepción.

Todo Estado totalitario tiene una ideología oficial, sus funcionarios son obligados a militar esa ideología y a utilizar el poder coercitivo estatal para imponer el pensamiento único a la sociedad. Eso es la #LeyMicaela, fascismo puro. Perdimos la República, perdimos la libertad.

Ni en sus 70 años de existencia la URSS invirtió tanto en productos de propaganda como la fortuna que pone anualmente Hollywood en sus panfletos nazis de género.

Sobre un video de una mujer que atacó a un conductor de Uber
No es una loca, es una «empoderada», una de las tantas que el sistema les ha hecho creer que son seres superiores y pueden pisotear a los hombres, éso es el nazismo de género, lo mismo hizo creer Hitler a los alemanes con respecto a los judíos.

Así como el nazismo antisemita alemán en la década del 20 y del 30 inventó una serie de acusaciones mentirosas contra los judíos para transformarlos en el chivo expiatorio, el nazismo de género misándrico del siglo XXI inventó los «privilegios» del hombre.

Yale elimina una materia de historia del arte por ser «demasiado blanca, masculina y occidental».
El neomarxismo nazi de género y racista está destruyendo universidades que alguna vez tuvieron algún prestigio. La oligarquía global produce autómatas a su servicio en estos centros de adoctrinamiento, burros que repiten las mentiras de la agenda neozurda.

El siglo XXI está presenciando un hecho inédito en la historia del ser humano: por primera vez conviven en el planeta dos versiones del homo sapiens, biológicamente similares, genéticamente similares, pero con diferencias intelectuales, espirituales y morales tan grandes que son en la práctica dos especies distintas. Una de esas especies cree que es válido, incluso un «derecho», asesinar a sus propios hijos en gestación y ya nacidos, abusar de ellos cuando son niños, adoctrinarlos, manipularlos y utilizarlos como autómatas, a los niños varones los quiere castrar, homosexualizar o feminizar porque los considera seres naturalmente demoníacos, la misma idea que tenían y tienen los nazis sobre los judíos, esta especie desea vivir bajo una dictadura distópica que elimine las libertades individuales e imponga una agenda política, social, cultural y moral basada en mentiras, falacias y tergiversaciones como la teoría del «cambio climático», esta especie busca eliminar el Estado de Derecho y la República aniquilando el principio de igualdad ante la ley y estableciendo un régimen de Apartheid de género. El destino de la civilización humana depende de cuál de estas dos especies ganen la próxima guerra global, y cuál domine el mundo.

Así como para el nazismo antisemita todos los males del mundo son culpa del judaísmo, para el nazismo de género todo lo malo de una sociedad proviene de la masculinidad, de modo tal que su programa apunta a castrar al hombre, homosexualizarlo o feminizarlo desde que es niño.

Sobre una nota a Thelma Fardin: «Hay que destruir al macho por completo»
Así como el nazismo antisemita del siglo XX se propuso exterminar al pueblo judío, el nazismo misándrico del siglo XXI se propone aniquilar al hombre heterosexual, sus referentes mediáticos ya no lo ocultan. Lo alarmante es que la gente siga mirando para otro lado, como lo hicieron los europeos en los años 30, lo que siguió fue el Holocausto.

El Cronista Comercial: La revolución de la mujer: potente, profunda y definitiva
Luis Majul, al igual que Joaquín Morales Solá, adalides de la República, jihadistas contra la corrupción, referentes del lado honestista de «la grieta», han declarado públicamente que hay que invertir la carga de la prueba en casos de denuncias por abusos sexuales. La eliminación de la presunción de la inocencia implica no sólo la violación de la Constitución, de los derechos humanos y civiles más elementales de una República, sino que constituye el fin del Estado de Derecho, ya que se daría por tierra con su principal pilar que es la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, se configuraría un régimen de Apartheid de género y se daría paso a una dictadura ginocéntrica.
Y todavía hay gente que cree que estas lacras totalitarias al servicio de una agenda global de destrucción del mundo libre, son mejores que los esbirros mediáticos del kirchnerismo.

Perú: Ministerio de la Mujer elimina Día de la Madre de su calendario 2020
El nazismo de género de matriz neomarxista tiene como enemigo principal e inmediato al hombre blanco heterosexual, pero a largo plazo su objetivo también es destruir a la mujer psíquicamente sana que no desea matar a sus hijos.

Antena 3: Irene Montero excluye a hombres del Ministerio de Igualdad
Esperar que una nazi de género misándrica contratara hombres en un ministerio de propaganda neomarxista de género es lo mismo que creer que Goebbels iba a contratar judíos para la secretaría de propaganda nazi antisemita del III Reich.

La Nación: El caso Brahma. El lento camino de la deconstrucción de la publicidad argentina
«Deconstrucción» es el eufemismo que usa la dictadura distópica global que gobierna de facto todo Occidente, para denominar sus acciones directas contra la libertad, ya sea la censura de un comercial o la destrucción psíquica y espiritual del hombre blanco heterosexual.

El Mundo: CCOO publica un decálogo de la «escuela feminista» en el que se pide prohibir el fútbol en el patio y sacar del temario a Rousseau y a Neruda
No se llama «feminismo», se llama «nazismo de género», por eso tienen esta clase de iniciativas para prohibir y censurar todo lo relacionado con el ser inferior (el hombre) que además es el enemigo de la humanidad, como lo fue el judío para el nazismo hitleriano.



Avanzada Republicana, marzo de 2020

Un caso Dreyfus del nazismo de género argentino

Lo que el nazismo del siglo XXI, el hembrismo misándrico parido, alimentado y utilizado como grupo de tareas por la oligarquía neomarxista global, llama «perspectiva de género», no es otra cosa que la eliminación de facto de las garantías constitucionales, del debido proceso y la anulación del principio rector del Derecho que hace posible una sociedad democrática: la igualdad ante la ley, cuando se viola este principio, el sector de la sociedad beneficiado ha creado una dictadura que utiliza el poder coercitivo del Estado, su policía y sus tribunales, para perseguir al sector despojado del amparo de la ley, no hay síntoma más claro y definitorio de que una sociedad vive bajo un régimen tiránico que cuando el Poder Judicial milita una ideología y la aplica a sus fallos para impartir injusticia entre ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda.
Suárez Lastra fue condenado por negarse a asesinar a un ser humano inocente e indefenso en gestación, pero su condena fue posible porque mucho antes el Estado había sido cooptado por una ideología totalitaria y supremacista que pisoteó la Constitución Nacional y la reemplazó por un manual de procedimientos para escuadrones de camisas pardas disfrazados de jueces y fiscales.
En un mundo gobernado por la maldad, la ignorancia y la estupidez, un mundo cínico y perverso que tergiversó los valores morales travistiendo al mal de bien, una persona decente y responsable que salva vidas es condenada, mientras quienes asesinan a seres humanos inocentes e indefensos, incumpliendo su juramento y su deber profesional, son elevados a la categoría de defensores de los derechos humanos y recompensados con grandes fortunas.
La humanidad en el siglo XXI está viviendo su hora más oscura y siniestra.

Avanzada Republicana, 15 de marzo de 2020